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Paperback Writer

La Navidad

 

Hoy estoy un poco cansado. Últimamente mi vida no tiene grandes sobresaltos, grandes acontecimientos que me hagan feliz. No es que sea nada estrictamente malo, es simplemente que llevo ya algún tiempo largo sin viajar, sin hacer algo extraordinario, sin conocer algo nuevo que me conmueva. No se, han debido educarme así, como predispuesto a grandes acontecimientos y a grandes viajes. Cuando tenga mi sueldo, visitaré muchísimos lugares. ¡Apenas conozco Europa! He estado aquí y allá, pero creo que no he conocido la verdadera realidad de los sitios, las ideas de la gente y su forma de expresar el arte. Su forma de ver la sociedad y su forma de comportarse para con los demás. Esas son las cosas por las que siento muchísima curiosidad. En fin, que creo que necesito un buen aporte de realidad.  Parece que... Nuestra forma de vivir, todo esto de la televisión, la publicidad, el consumo, hace que nos alejemos, no necesariamente de la realidad, sino de las cosas importantes. Importantes en nuestra vida. Asuntos sobre los que deberíamos recapacitar y valorar, para ser, simplemente, mas felices. Yo creo que es así, y por eso estoy cansado de tener la mente ocupada. No es que la tenga ocupada con estupideces, que también, yo pienso en muchas cosas que me parecen importantes, pero no llego a estar del todo cómodo. ¿No predican eso algunas filosofías orientales? Todo eso de vaciar la mente, y la meditación.


En fin, hoy quería comentar algo sobre la Navidad, la celebración occidental por antonomasia. A mi me gusta celebrar cosas. Es así. Me gustan las celebraciones y me parecen algo positivo. ¡Uf! Uno se queda muy a gusto diciéndolo. ¡Me gusta celebrar! Normalmente celebro lo que sea. Si alguien tiene algo que celebrar, me avisa y yo me apunto: ¡Ender, he tenido un hijo! ¡Ender, es mi cumpleaños! ¡Ender, que me caso! ¡Ender, he salido de prisión! ¡Ender, tengo trabajo! ¡Ender, he batido mi propio record comiendo tortilla!
Así que ahora toca celebrar la navidad. El motivo es, supuestamente, el nacimiento de Jesús, aunque todos los antropólogos y seguidores de teorías de la conspiración tendrían mucho que objetar. Seguro que nos hablarían de equinoccios y solsticios, de todos los mesías anteriores a Jesús, del número 12, del número 3, del número 14 y del número fi. Pero oficialmente, lo que se celebra es el nacimiento de Jesús. Hoy le he estado dando vueltas a esto, ¿A mí me importa el nacimiento de Jesús? Creo que no me importa necesariamente. La Biblia dice; que Jesús fue enviado por Dios. Siendo Jesús el propio Dios, una parte de éste, un hijo de éste o simplemente un hombre. No lo dejan muy claro. Y fue enviado con la misión final de salvar a la humanidad, cosa que consiguió predicando la palabra de Dios (el amor), prometiendo la llegada del reino de Dios y finalmente, muriendo en la cruz. Como veis me se bastante bien la historia. Hoy he imaginado un mundo sin el dichoso Jesús.

Antes de nada, me disculpo ante toda persona que se considere católica/cristiana. Como siempre que reflexiono, esto solo es una opinión mía abierta a cualquier cambio y que respeta todas sus opiniones contrarias.

¿Nació Jesús realmente? ¿Fue realmente el hijo de Dios? Imaginemos por un momento, que siendo esto verdadero o falso, los evangelios no hubieran llegado jamás hasta nosotros. No quiero teorizar sobre como salvo Jesús a la humanidad, pero hoy por hoy, hoy por hoy, la humanidad no está ni salvada, ni condenada. Y si la palabra de Jesús no nos hubiera llegado nunca, nosotros solitos habríamos caído en la cuenta de que el amor es la salvación, no es algo tan difícil, gracias. Así que llegado a este punto de mi reflexión, si Jesús no existiera, nosotros estaríamos igual. Sabríamos lo mismo, seguiría habiendo religión, y algunos seguirían justificando el bien.

A continuación, un apunte sobre religión: Si señor, eso es algo que no me gusta de la religión. Eso de justificar el bien, eso del cielo y el infierno. Lo detesto. Eso de que un hombre rico no entrará en el reino de Dios porque un camello no pasará por el ojo de una aguja. Eso de qué ser bueno sirve para ir al cielo. Como siempre y con todo el respeto del mundo, yo digo que eso es mierda. Y que no me gusta nada. Es mierda. Ser bueno y amar al prógimo es un fin en si mismo (practicamente). Si Jesús hubiera dicho eso, tal vez yo sería un pelín católico. Pero no. Según la biblia, Jesús dijo exactamente que quien siga su doctrina entrará en el reino de Dios. Y peor aún, que quien no la siga no entrará. Señor Jesús, eso se llama acojonar al personal. Váyase usted a amenazar a la humanidad a otra parte.

La cuestión, yo no tengo la necesidad de celebrar el nacimiento de Jesús, pero mucha gente sí. Otros, como yo, celebran simplemente la vida. Incluso algunos no celebran nada, simplemente disfrutan. La navidad es para eso amigos, para comer hasta hartarse, para tener cerca a las personas queridas, para darse un respiro y para disfrutar. Un fenómeno muy divertido de estas fechas son los antinavidistas. Gente que detesta la navidad. Su argumento principal es que es una fiesta hipócrita creada por el consumismo. Es divertido verles comportarse, verles hablar. Ver como sueltan su opinión en cuanto tienen ocasión para hacerse notar. Muchos lo hacen para eso, para hacerse notar, para ser muy exclusivos. La exclusividad por la exclusividad; eso también es mierda. Tal vez algunos piensen de verdad que la navidad no merece la pena. En fin, a estas personas, abrid vuestra mente. Los acontecimientos de tu vida tienen el significado que tu quieras, eso será siempre así. Y no me demoro más, a comer mucho turrón, ¡Y feliz Navidad a todos!

 

¿Qué es la democracia?

¿Qué es la democracia?

El otro día vi un fragmento de "La Noria", un programa que echan en Telecinco, mientras cenaba. Mi madre se negó a cambiar de canal. Apareció el señor Vázquez, antiguo presentador del exitoso programa "Aquí hay tomate". En realidad solo quiero hacer un apunte sobre una cosa que oí. Resulta que este señor tenía un detractor, algo a lo que estará muy acostumbrado, supongo. Y el señor Vázquez acusó a su detractor de ser antidemocrático. No lo hizo directamente, claro, que para eso es un experto en retórica. Simplemente dijo: "Me llama la atención que este señor me critique, cuando él es partícipe de un periódico que se supone que está a favor de la libertad de expresión y de la democracia". Y aquí mi apunte. ¿Qué es la democracia? Yo creo que el señor Vázquez no tiene muy claro que es esto de la democracia. Yo desde luego no soy una persona con mucha cultura, pero creo que por una vez, podría considerar que se algo sobre este concepto. Como ya se ha dicho muchísimas veces en este blog, la democracia no es democracia realmente si no tenemos cultura. Es algo muy simple, la verdad. Y es que si son las personas las que van a decidir quien gobierna, esto no funcionará si las personas son un grupo de borregos. Estuve pensando un momento, y decidí que el señor Vázquez sí que hacía daño a la democracia, y quien sabe si su detractor también. Supongo que no es mas que una opinión, hay quien podría considerar que la televisión en la que este señor trabaja solo es inofensivo entretenimiento. Pero a mí siempre me ha parecido que es algo dañino, porque hace de temas importantes (como la intimidad, el respeto, la educación, el lenguaje) tema secundarios de los que no preocuparse. Y porque desvía la atención de los votantes.
Es que para mi hay que ser responsable con los medios de comunicación. Jamás censurarlos, para mí la libertad de expresión es fundamental para la libertad de la gente, pero sí preocuparse de que se emita cierto contenido beneficioso, contenido que ayude a la gente a ser mas libre, y por lo tanto, mas feliz. Nada mas.
Y a los espectadores: ¡Vean la televisión con seso y no pasará nada!

 

Ha muerto el periquito de mi amigo Íñigo

El otro día me envió un mensaje: "el periquito inmortal ha muerto". No recuerdo muy bien que estaba haciendo en ese momento, tal vez arreglándome para salir, o perdiendo el tiempo con algún videojuego. Pero lo que si recuerdo es que me quedé pasmado. ¡El periquito inmortal ha muerto! Ya empezaba a pensar que eso nunca ocurriría. Íñigo debía tener unos cinco o seis años cuando su familia lo compró. Seguro que ese día vino al colegio y me lo contó, aunque en honor a la verdad, no recuerdo el momento. Sin embargo, si recuerdo ponernos a jugar al monopoli o algún otro juego, en la mesa de la cocina, mientras el periquito "cantaba" de manera tediosa y continua. Recuerdo la novedad que supuso el pájaro, eso si lo recuerdo. Las primeras preguntas, que es chico o chica. Que si tiene nombre, que si sabe hacer trucos.
Pero este animal siempre estuvo caracterizado por una ausencia de diversión. No es que fuera un pájaro aburrido ni nada, simplemente "era", "estaba". Nunca tuvo nombre, era bonito, de color azul. Comía y cantaba.
Un día, Iñigo insitió en que el pájaro sí tenía una interesante habilidad. Si le abrías la jaula y le mostrabas el dedo, éste saltaba hasta el dedo para quedarse allí pacíficamente. Yo lo negué en cuanto me lo contó. Que no, Iñigo, que este pájaro no sabe hacer nada mas que estar. Pero Íñigo insistió e instió hasta que tuvimos que probarlo para ver quien tenía razón. Abrí la jaula y puse el dedo. El pájaro se acercó con curiosidad, puso una pata sobre mi dedo y sin ninguna clase de miramientos, me dio un picotazo. Yo retiré mi dedo dolorido y el periquito escapó de la jaula horrorizado. Voló torpemente golpeándose contra los muebles de la cocina, y yo, asustado, me agazapé en el suelo con las manos sobre la cabeza, mientras plumas azules y blancas llovían sobre mí. Iñigo cogió al pájaro con cuidado y volvió a meterlo en la jaula. Esos fueron los instantes mas emocionantes de la vida del periquito. Seguramente él los recordó como quien recuerda haber estado en la guerra, como quien recuerda una operación de vida o muerte, como quien recuerda un grave accidente de tráfico.
En fin, el pájaro ha muerto. Agonizó durante unos minutos antes de morir, se mostró sin energías, se arrastró un poco por el fondo de la jaula hasta que cayó. Así es la vida, supongo. Va por etapas, me dijo un conocido en un bar. La etapa de este animal acabó. Me alegro de que nunca tuviera nombre. Los nombres son para las personas, no para los animales. Adiós periquito.

No mas conductores suicidas



Oh, esta canción tiene un tonillo muy interesante. Un ritmo muy... ¿Dinámico? Es una de esas canciones que da ganas de echar a andar con paso rockabilly, y decir ¡Yeah! Y disparar con un revolver imaginario construido con los dedos de la mano al cruzarte con algún conocido. Sí, definitivamente es algo dinámico. A mi particularmente también me da ganas de hacer algo, algo, unos versos tal vez. Sí, como un poema o algo.

 

Salgo de casa con zapatos de claqué,
y el clack clack de su sonido me trae el ritmo
de un paso desenfadado,
y una vida parabólica.
Yeah. El sol ya se ha escondido,
no hay problema mientras salga de mañanas.
Voy atento con zapatos de claqué,
soy sin rumbo como un mozo sin crecer,
voy atento como el humo del tabaco,
cuando tu cruzas la entrada de algún bar,
si se aparta y para hacerte acariciar.
Yeah, y el clack clack de mis zapatos.
Ya la vida experimenta nuevos rumbos,
y la acera se relaja con mi paso.

 

Creo que Sabina tocó en Pamplona hace unos días. Aquí uno que no fue porque no tenía dinero, que se le va a hacer. Ah, eso me recuerda que mi cuarta armónica ha fenecido, se le ha roto una celdilla y no tengo dinero para otra. Hay que ver, tengo que ahorrar o algo. En fin, un abrazo.

Necesito mi espacio

¡Hola! Últimamente no he tenido muchas ganas de escribir. Me he propuesto ir y volver todos los días de clase a pie, para recuperar un poco de forma física, que me va haciendo falta. El trayecto es de 25 minutos y algunos días tengo que realizarlo cuatro veces, dos a la mañana (ida y vuelta), y dos a la tarde. El curso pasado hice deporte con regularidad y me fue bien. Creo que el deporte es una satisfacción física bastante grande, y en momentos de estrés o agobios, también es una pequeña satisfacción mental. Pero este año estoy bajo de formas, los horarios no me cuadran para seguir con los entrenamientos y el ingreso en el hospital fue un bajonazo enorme para mi forma física. Todo ello se nota en un simple pero pesado cansancio corporal, que intento remediar con caminatas a clase, y también algún que otro paseo los fines de semana. Lo que no se es si ésto mejora o empeora la situación.
Total, que os cuento todo esto como excusa por la falta de entradas nuevas. Es que llego a casa y no me apetece hacer el esfuerzo mental de transcribir mis ideas, de redactarlas, de argumentarlas bien... Buf, solo de pensarlo me agoto. Esperemos que se pase pronto.

Mientras tanto os comento lo nervioso que me pongo cuando me falta mi espacio. Mi espacio. Cuando estiro los brazos, me gusta que no choquen con nada. Me gusta mover las piernas, variar la posición geográfica de vez en cuando. Poder moverme un poco dentro de mi espacio. Mi espacio es muy importante. Pero cuando me falta, cuando me falta mi espacio, me pongo muy nervioso. Me pongo nervioso. Muy nervioso. No me gusta que me empujen, no me gusta que pasen pegado a mi, no me gusta estar rodeado de gente pegada a mi cuerpo. No es que me enfade, no es que lo considere una falta de respeto, es simplemente que no me gusta porque hace que me ponga muy nervioso.

La estación

La estación

 

Pues nada, que esta mañana me he dado un paseo hasta la estación de trenes.

En la estación se mueve,
el gentío que en las noches,
aparece por mis sueños
si me libro del insomnio
que me causa tu mirada.
Gente que conoce mundo,
que saben de lo que hablan
que cuentan cuando no cuentan,
que pasan sin decir nada.
Gente con la que yo sueño.
Aquí sentado en la estación,
van mis penas curiosas,
a husmear en los trenes,
librando mi corazón,
solo por unos instantes.
Aquí sentado en la estación,
con los trenes que se van,
sueño yo que no soy yo
y que mi corazón viajara,
tal vez a otra ciudad,
compartiendo su vagón
con la gente de mis sueños
y olvidándose de ti.
Mas quiere Dios que yo este aquí,
aquí sentado en la estación,
librándome del letargo,
que causaron las pastillas,
las que anoche en paquetitos
comprimidas de sustancia,
me trajeron hasta el sueño,
a la gente de mis sueños,
que yo sueño si me duermo.
Aquí sentado en el andén,
mis ojos consternados ya contemplan,
a esos pequeños detalles,
de la vida, ¡Los del viaje!,
y el viajero que viene de Barcelona,
posa su mirada en mi,
y tal vez le enseñó su viaje
a contemplar a la gente,
a distinguir al viajero melancólico,
del asentado infeliz,
al que guarda una maleta
soñando con regresar,
del que no tiene lugar.
El que gusta de ingerir
pastillas para dormir,
que por no tener, no tiene el sueño,
de la gente de sus sueños,
la que viaja con el viento
y marcha por la estación.

 

El tipo de otro mundo

El otro día hablé con un tipo que no era humano. Lo supe en cuanto se encaró hacia mí y comenzó a hablarme. Tenía los ojos muy oscuros y vestía de negro. Me llamó a atención que pese a su avanzada edad, llevaba el pelo largo y la típica barba de un mes. No parecía insano, quiero decir, que no era el típico raro con el que te cruzas en un bar. No, tenía todos los dientes y su piel no presentaba marcas ni cicatrices. Su pelo no estaba sucio, al contrario, me llamo la atención su pulcritud. Me miró fijamente a los ojos, me clavó su mirada y comenzó a hablar. Y esa voz que utilizó, esa voz no es la voz de una persona. Nadie habla así, os juró que nadie habla así. Lentamente, pero sin detenerse. Con una voz suave, suave como el terciopelo. Sin entonar golpes ni acentuar demasiado cada sílaba. Todos los fonemas que pronunció, existieron en su justa medida, de la forma mas correcta en la que uno puede recitar una oración. Y yo atendí, de forma inevitable, a lo que me estaba diciendo. Atendí a cada vocal, a cada movimiento de sus labios. Si en ese momento el mayor de los peligros se hubiera cernido sobre mí, yo habría sido incapaz de irme de allí. Y no porque aquel tipo me atrajera, sino porque simplemente no hubiera podido, mis músculos no habrían respondido ¿Magia, tal vez? ¿Cómo la de los libros? Es una locura.
Y cuando terminó, se quedo serio y sin hablar. Y a mi me costó unos segundos reaccionar, hasta darme cuenta de que había acabado. Creo, creo que ese tipo no era una persona. Es una locura, pero no pudo ser una persona. Yo creo que era un hada. Un ser mágico. Que gilipollez. Es una locura.

 

Dani sale esta noche

Hola todos. Ayer Daniel Veiga salió de casa. Por la noche. Conmigo y con Mikel, de marcha. De juerga, vamos, pero cerveza no tomamos, solo calimochos, porque según un belga borracho que se llamaba Mario, somos unos mariquitas. Muy majos, pero unos mariquitas.
El Toki Leza es un bar del que no se si he hablado mucho por aquí. Es de mis bares preferidos, por la música mas que nada. Entiendo que decir algo así no resulte extraordinario para nadie que lo oiga. "Este bar es de mis preferidos, por la música". Vale, y el mío este otro. Hoy en día, para gusto musicales, colores. Pero a eso no voy, entendedme un poco, que ese bar me gusta mucho. Está en la calle Calderería, al inicio entrando desde la curva de la estafeta.

Pues eso, que ayer estuve en ese bar, donde escuchamos canciones de AC/DC, Dylan, Rod Stewart, Led Zeppelin, los Beatles, etc. Volvimos loco al camarero, porque pedimos la canción de "Any time at all" y el pobre no la encontraba. Tenía la discografía entera, pero el problema es que algunos albunes solo contenían las canciones correspondientes con el nombre de pista uno, pista dos, pista ene. Y como ninguno recordabamos en que albun estaba, ni mucho menos el numero de la pista, pues nada. En lugar de eso nos puso "Get Back" y yo recuerdo que le dije a Mikel, que si puediera ir al pasado, este sería mi orden de preferencia: Primero conocer a Sócrates, luego a Jesucristo y luego ir al concierto de la azotea. Ahora se me ocurre que también sería interesante para mí conocer a algún romántico, Espronceda o Becquer. A alguno del 98 y del 27, Machado y Salinas. Y Hernandez. Y tal vez Allan Poe, pero no se que tal me comunicaría con él y además el tío seguro que estaba grillado. Con Nietzsche ni me lo planteo, porque me daría miedo tenerlo delante. Temería por mi salud mental, mas que otra cosa. Y aquí volvemos con los filosofos, que si Ortega, que si Platón, que si Sartre.
Pues nada. Esta mañana, nada mas levantarme, he pensado: ¡A Hard Days Night, y estaba por la mitad! Y exacto, ahí está Any time at all. No suelo pedir música en los bares, pero como le dije al camarero, estábamos de celebración. No se que celebrábamos, pero algo celebrábamos. Por una parte, mi salud mental, que no se si ha venido para quedarse, o solo de visita. Por otra parte, la vida, o algo asi. O el estar vivos. Y la lluvia, que volviendo a casa me caló entero, pero que es realmente un fenómeno precioso.

Se agotan los tocadiscos

Se agotan los tocadiscos

Se están agotando los tocadiscos en una tienda de la calle Pozoblanco, del caso viejo. Siempre que paso por ahí soy un tópico viviente, porque me quedo embobado en el cristal del escaparate, ¡136 euros y no puedo permitírmelo! En otra época de mi vida me habría amargado por ser tan materialista, pero hoy me alegro de que algo tan simple y tan sencillo, de que algo sin misterios y sin complicaciones, me haga tanta ilusión. Creo que en navidad reuniré el dinero suficiente e iré a la tienda. El tendero me verá entrar como si fuera un cliente mas, pero no. Yo habré estado soñando con ese momento mucho tiempo. Sacaré el fajo de billetes del bolsillo interior de la chupa y diré, ¡Vengo a por el tocadiscos!
Tengo ganas de que sea navidad, porque me gustan mucho las luces que ponen en la parte vieja. Eso es algo sencillo que también me hace ilusión. ¡Y me gusta cuando llueve! El otro día me despertó el ruido de la lluvia en el cristal de la ventana de mi cuarto. Joder, a veces uno tiene que pararse unos segundos a valorar esas pequeñas cosas, las que en mi caso, hacen que yo esté mejor fuera que dentro del hospital.

Y otra cosa, ¡Esta canción siempre me ha encantando!

Un día de sol

Hoy ha sido un día soleado. Cuando he salido de clase se lo he comentado a un compañero: ¿Has visto que no hay ni una sola nube en el cielo? Y él ha mirado hacia el cielo con una cara muy divertida, como si acabara de salir de una mazmorra tras años de cautiverio. Cuando hace mucho sol las cosas están nítidas, y esto es algo a lo que yo le doy mucha importancia. Porque yo soy miope, no se si lo he comentado nunca. Y la verdad es que nunca llego a ver las cosas con verdadera nitidez. Supongo que durante mi adolescencia mi miopía ha ido aumentando con el desarrollo corporal y siempre ha habido un desfase entre gafas/miopía real. No se si me explico. Creo que no. Bueno, la cuestión es que cuando hace mucho sol lo veo todo muy nítido. Los carteles lejanos, las tejas de los tejados, el césped, las hojas de los árboles, son cosas que advierto perfectamente y que distingo. Pero nunca de una forma tan nítida como en los días soleados. Cuando hace sol, el cielo está muy azul. Eso también me gusta. Creo que no he visto nunca nada tan azul.
Pero los días soleados tienen algo que me molesta mucho, y es toda esa luz rebotando por todas partes, charcos, coches, pasos de cebra. Toda esa luz va por ahí rebotando y se te mete dentro del alma. Se inmiscuye donde no le llaman. Te acosa y te hace entornar los ojos. Los días con mucho sol tengo la sensación de que todo el mundo me ve con nitidez, que advierten todos los rasgos de mi cara y que mi intimidad queda al descubierto.  No me gusta esa sensación.  Es molesto.
Siguiendo con el trepidante relato de mi vida, he salido de clase y he llegado a casa pensando en estas y otras gilipolleces, y allí estaba mi abuelo, que se quedaba a comer. En la comida, mi madre ha hecho algo que le gusta mucho hacer cuando mi abuelo se queda a comer, esto es, relatar miserias. Ha empezado a relatar todas las miserias de su vida y de las nuestras, nos ha revolcado a todos en mierda, por así decirlo. Finalmente, ha llegado a lo mal que está la economía, que debía ser lo mas "grave" de su patético discurso. La luz entraba de lleno por la ventana, y yo otra vez con la sensación de acoso lumínico. Y como decía, cuando mi madre ha empezado con lo de la economía, mi abuelo ha soltado una carcajada. Sí, ha empezado a reírse, durante seis o siete segundos. Os juro que el tiempo se ha parado. Y yo he vislumbrado los rasgos del rostro de mi abuelo. Lo he visto con muchísima nitidez, mientras él se reía despreocupadamente, con toda aquella luz del exterior impactándole de lleno.
He recordado entonces la conversación que tuve hace un par de semanas con un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía. Ender, has perdido maneras. ¿Dónde esta todo el humor que derrochabas? Falta algo. No, hombre, no digas eso. Será que me has pillado en un día de bajón, le dije. Me miró con escepticismo y me dijo que me riera de la vida. En realidad, el tema de la risa es un tema bien estudiado por mi. Creo que la risa a veces simboliza a toda la... Eternidad. Casi a lo divino. Hay algunas risas a las que no se les puede poner pegas, algo así como la música. Cuando nos reímos desenfadadamente de algo, podemos estar seguros de que ese algo es estúpido y admirable al mismo tiempo. Sencillo y absurdo. Maravilloso.
En fin. Allí estaba mi abuelo, riéndose. Mi madre con la boca abierta, de la sorpresa supongo. Como he dicho antes, he recordado la conversación que os he relatado. Como un flas. Y allí estaba yo, admirando a mi abuelo, y he sentido como si... Como si una ola del mar llegara hasta a mí y me invitara a elevarme. Toda la luz que entraba por la ventana estaba empujándome a saltar. Y entonces me he reído. Mi risa no ha sido como la de mi abuelo, supongo que el tiene años de experiencia en esto de reírse. Mi risa ha sido más floja, menos potente, mas corta. Aun así, ha sido una gran carcajada. Y los dos hemos estado riéndonos unos segundos. No os penséis que ha sido mucho tiempo, pero sin duda alguna, han sido unos segundos muy especiales.

Después de comer, otra vez a clase. He salido de casa y he mirado al cielo como si llevara años en una mazmorra. Y ahí estaba el acoso lumínico, toda esa luz, acosándome. Rebotando por todos los sitios, en los coches, en los charcos, pasos de cebra... Se me ha metido por las orejas, por los ojos, por los agujeros de la nariz. Mi abuelo hoy se ha reído del discurso de miserias de mi madre. No ha sido una experiencia de las que te cambian la vida. Incluso se ha alejado un poco de la realidad. La luz del día ha seguido siendo molesta, pero ahora al menos se que se puede conseguir. Que es posible reírse como hoy mi abuelo se ha reído. Que la luz puede mostrar mi cara con nitidez sin que tenga importancia. Pero hoy por hoy, así están las cosas. Disfrutaré del azul del cielo, que no es para menos.

 

Hey Jude

 

Hey jude es una canción de los Beatles de esas a las que no presto mucha atención, por la sencilla razón de que la escuché muchísimas veces cuando tenía unos 10 años, durante la época en que descubrí al grupo. En realidad me ocurre lo mismo con casi todas las canciones que están en el albun recopilatorio "Beatles 1", seguramente el disco que mas veces habré escuchado en toda mi vida. En el que por cierto, se realizó una remasterización buenísima y mas que suficiente. No hacían falta mas remasterizaciones, gracias de todas formas, Apple.
El otro día me puse a escuchar esta canción y por primera vez desde un par de años, me animó. Me animó muchísimo. Me imaginé que yo era el tal Jude, y que los Beatles me animaban. Mucha gente ha interpretado esta canción como "los beatles ayudando a Jude a hacer una version de un tema x". Yo no tomo esa interpretación, para mi es simplemente una cancion que da animos. Una canción de animo. ¡Ánimo! Me dijeron los Beatles el otro día, cuando escuche su canción.
Por cierto, creo que en este video se comprende el triunfo sexual de Ringo Starr.

Las manos heladas

Las manos heladas

Esta entrada está dedicada a mi amigo Morgan.

Un día en el hospital, puse las manos bajo el chorro de agua helada. Entré en el baño, puse el grifo a la mínima temperatura, y metí las manos debajo. Al principio no supe lo que estaba haciendo. Creo que actué por instinto. Luego me di cuenta de lo bien que me estaba sentando aquel frío tan intenso. Necesitaba tener alguna sensación. Así que estuve con las manos simplemente bajo el grifo. A los cinco minutos, me fui a dormir, con las manos heladas. ¡Qué importante es la sensación! Y lo dice alguien que ha estado casi privado de ella durante mas de un mes. Dicen que en la vida hay capacidades que nunca pueden arrebatarnos. Yo no se cuales deben ser todas esas capacidades, pero esta claro que una de ellas, es la capacidad de sentir. A veces, cuando la vida se para, cuando nada marcha, hay que detenerse, darse la vuelta, mirar al destino y buscar la sensación. Yo no soy hedonista, pero ésto es algo que valoro mucho. Es una de las cosas que aprendí a valorar en el hospital. Creo que por la capacidad de sentir, merece la pena estar vivo.

Y ahora, una de mis canciones preferidas de los Beatles. Disfrutadla.

 

Parklife

Pues nada, que no tengo mucho que contar. Estoy agotado, el hospital pasa factura. Me canso con dar dos pasos, y no ayuda ir a la cama tarde. Por cierto, un sitio genial: The House of Beer. Un bar nuevo cerquita de mi casa. Puedes pedir una mesa con grifo de cerveza. Te sientas allí y le das caña. Sale al mismo precio. En realidad no deja de ser una estrategia comercial, porque una vez que estas sentado y con tu grifo, bebes mas de lo que beberías en la barra, teniendo que llamar al camarero y pagando cada vez.
Ah, si, que quería enseñaros un video muy chulo. Además es curioso, porque aparece el actor que interpretaba al protagonista de la gran película Quadrophenia. He aquí a los Blur, unos tios que parecen directamente sacados del sotano en el que jugaban a Dragones y Mazmorras.

Y antentos al nada original guiño al Abbey Road, de los Beatles. No deja de ser gracioso. También me gusta la bofetada final que se lleva el cantante. No se muy bien porque, pero uno se queda agusto viéndolo...
¡Y gracias a Pachen (Patxy en los comentarios) por regalarme aquel fantástico CD del grupo!

A petición de Hettar

Digo, para eximirme de toda responsabilidad. Esto es a petición de Hettar. Es un pequeño relato que escribí durante mi estancia en el hospital. Fruto del aburrimiento, de las malas pulgas y del hastío por la comida que venía todos los días en repugnantes bandejitas de plástico. En fin, no es el estilo al que os tengo acostumbrados, aviso.

Llegué al hospital. No era mi día. No había tenido suerte, aunque yo no sabía nada todavía.
-Hola, soy Manuel Marambio. -dije en control.
-Su habitación es la 309, al fondo a la izquierda. Enseguida lo instalará mi compañera, ¿Está usted nervioso?
Era la primera vez que me lo preguntaban desde que había salido de casa. No, no estaba nervioso. La cirugía iba a ser sencilla, si acaso tenía yo un poco de miedo. ¿Tiene usted miedo? Deberían haberme preguntado ese día, pero claro que nadie se atreve a preguntar algo así. En parte porque no hace falta, porque se entiende que el que está nervioso por una operación, tiene un poco de miedo. Pero yo no estaba nervioso, había conseguido controlarme. El miedo era otra historia.
-¿Estás nervioso? -volvió a preguntarme mi compañero de cuarto, que era un joven muy extraño. Iba con el camisón del hospital, una barba adolescente de semanas, y los ojos entornados hacia el suelo. Llevaba una bata roja que le daba un aire muy aristocrático, muy elitista. Leía poesía. Era un joven muy extraño.
La enfermera entró y la noté yo preocupada. Me mostró el armario, el baño, me enseñó el funcionamiento de la cama eléctrica... Pero como digo, no era mi día. Lo supe porque me lo dijo la propia enfermera.
-Hoy no es su día.
Me puse nervioso. Habló rápido, bajito, con el tono de la irrelevancia. Pero no era una buena actriz. Supe que hablaba en serio al instante, y eso fue lo que hizo que me pusiera nervioso.
-Le digo que hoy no es su día, ha tenido usted muy mala suerte. Si hubiera venido mañana... Pero no, ha tenido usted que venir hoy.
-¿Cual es el problema? -pregunté consternado, desolado e intranquilo; sensaciones que crecían en intensidad con el progreso de aquel terrible discurso, de aquella macabra verborrea.
-El problema, señor Marambio, es la comida. Hoy hay mierda para cenar.
La enfermera se fue, dejándome allí, en pie, asimilando lo que acababa de decir. Se fue y dejó tras de sí la negra visión de la coprofagia. Mudo me senté en la cama, sin decir una palabra. La mente en blanco y sin energías.
-Has tenido mala suerte, -habló mi compañero, el joven extraño, sin levantar la vista de su libro de poesía- los jueves siempre hay mierda.
No lo oí. Mis sentidos desaparecieron. Me quedé como una estatua hasta que llegó la cena. Mi sensibilidad regresó entonces de golpe, con aquel olor. Lo noté por el olor, por el fétido aroma del desecho, por el instinto animal que me decía desde mi interior, ¡Corre, corre! ¡Aléjate de la mierda!
Cuando al fin destapé la bandeja, descubrí la mas terrible de las pesadillas, la cima del mal gusto, la reina de la arcada y del revuelto estomacal. Una hez enorme, seguramente de vaca o de caballo, me esperaba en el plato, lista para ser engullida con cuchillo y tenedor.

 

Otro recuerdo

Hoy os escribo sobre otro recuerdo del pasado, tan antiguo como el de aquella vez.

Un avión despegó. Por primera vez en mi vida, un avión despegó. Lo recuerdo tras los cristales del aeropuerto, en una fría noche otoñal. Tenía lucecillas en distintos puntos del fuselaje, de distintos colores. Recuerdo los colores. Rojo, azul, amarillo. Una prima a la que prácticamente no veo desde entonces se fue. A Madrid creo, ese sitio tan lejano del que mas tarde sabría que allí Joaquin Sabina pasaba las noches encontrando jeringuillas y vomitonas en los lavabos. También recuerdo el ruido. Ese fuerte ruido de las turbinas. Y la gente. Todos con el olor del frío en las ropas, todos mirando tras el cristal al único avión que cabía en la pista de Noáin. Di adiós hijo, debieron pedirme mis padres. Eso no lo recuerdo, pero me lo imagino. Eso de allí es un avión, hijo.
Aquella mole de metal y luz fue cogiendo velocidad y dejó el suelo. Recuerdo el despegue. Lo recuerdo tan nítido... Me pareció que dejó el suelo con mucha sencillez, como si no pesara nada, como un trozo de papel. Y así, las luces se perdieron en la noche. Las recuerdo alejándose tras la cristalera. Cada vez mas lejos, sobrevolando Pamplona, hasta que tuvieron el tamaño de las estrellas. La gente dejó de prestar atención, pero recuerdo que yo me quede allí, mirando. Incluso unos segundos despues de que las luces dejaran de distinguirse, yo me quede mirando el punto celeste en el que habían desaparecido, consciente de que el avión estaba allí. Mi prima se ha perdido en la noche, debí pensar. Dentro de unas horas estará en ese sitio, Madrid.

¿Dónde me quedé ayer?

Dicen que cuando Fray Luis de León volvio a la universidad de Salamanca después de su estancia en la carcel, se plantó aunte sus alumnos y dijo algo así como "¿Dónde me quedé ayer?". Bueno, pues pensemos donde me quedé ayer, porque ayer salí de mi casa y hoy por fin he vuelto.

Yo para ir por la vida
siempre voy un poco triste,
con un traje en la mochila
que a veces mi alma se viste.

Yo para ir por la vida
voy contemplando el paisaje
y por pura cortesía
va el fracaso en mi equipaje.

Solo llevo
un cuerpo roto
y el llanto contenido.
Solo llevo
una sonrisa
por si me cruzo contigo.

Yo para ir por la vida
llevo en el alma al diäblo
que me muestra tus pupilas
y me hace seguir andando.

Yo para ir por la vida
en el paso llevo a Dios
que como única ayuda
va entonando una canción.

Queridos lectores, sí, he estado en el hospital los pasados 36 días y medio. Mi salud actual es optima. Nos leeremos pronto.

Sierra de Codés

Sierra de Codés

La sierra de Codés corona el valle donde está Espronceda, el pequeño pueblecito en el que llevo cuatro días. Ahora mismo puedo verla desde la terraza de casa. La sierra de Codés me recuerda que en el mundo hay cosas inmensas que no dependen de las tonterías humanas. A veces no nos damos cuenta de que están ahí y renegamos de ellas, pero están, así como la sierra. Y por eso me recuerda a todos esos gestos, a todas esas buenas acciones, a esa esperanza de eternidad que muchos niegan con empeño. Porque la sierra de Codés está ahí, y va a seguir ahí mucho tiempo, muchísimo.
A veces lamento ponerme cursi y espiritualista, porque parece que no se de que estoy hablando, como si hablara por hablar. Pero la verdad es que cuando queremos a una persona, cuando notamos que es una sensación, un movimiento espiritual sincero, de la misma manera que cuando alguien siente lo mismo por nosotros... Eso, queridos amigos, eso no entiende de drogas, ni de alcohol, ni de dinero, ni de sexo. Eso es algo tan cierto y tan inmenso como la sierra de Codés. La sierra que corona el valle.
Algún día subiré hasta allí arriba. Me han dicho que no cuesta mucho. Iré con un bastón y la cantimplora llena. Me sentaré allí arriba, y de la misma manera que vi mi casa desde los montes, veré el valle. Tocaré una canción con la armónica y luego dejaré que codés cante para mi. Dicen que el viento allí es fuerte y limpio.

Pensamiento inconsciente

Aquí estoy. Es tarde, muy tarde, y hace mucho calor. Creo que no tengo nada que contar. El miércoles partiré hacia el pequeño pueblecito de mi madre, donde mi abuelo se aloja durante el verano. Intentaré leer, dar paseos, tal vez conocer a alguien nuevo... Todas esas cosas que ya apenas puedo hacer en la ciudad, porque la mayoría de las veces no me resultan innovadoras. El retiro en el pueblo es algo que ya practiqué el año pasado, un poco antes de estas fechas. Me fue bien... En fin, que como no tengo nada que contar e irónicamente me apetece contar algo, voy a seleccionar una fracción de tiempo de mi día (una medianamente extraña) y os voy a relatar lo que en ella ha ocurrido.

A última hora de la tarde caminaba yo hacia el videoclub en el que estoy abonado, con el fin de devolver una película. Hacía mucho calor y en honor a la verdad, no me encontraba muy bien. Estaba pensando en una canción de Sabina, aquella de "Mas de cien mentiras". Hay un momento de la canción, que ahora no se si es el estribillo o no, en el cual el cantante menciona que hay "mas de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas
". Cuando mi mente ha llegado al momento del tajo en las venas, no he podido evitar imaginarme cortándome las venas. Vale, que nadie eche el grito al cielo, no guardo ningún deseo de hacer algo así, ni siento nigún afecto hacia la idea del suicidio, ni tengo tendencía suicida alguna. Pero es que no he podido evitar el recrear esa imagen en mi cabeza, solo durante un segundo ¡No se porque ha ocurrido! Además, el hecho de que el cantante use la palabra tajo, ha hecho que la escena de mi cabeza haya sido mas macabra todavía. Digamos que el pensamiento me ha jugado una mala pasada, seguro que a mas de uno le ha pasado algo así alguna vez. He visto una nabaja sucia y oxidada, desgarrando el envés de una muñeca. Que macabro.
En el fondo tiene cierta gracia. Allí estaba yo tan feliz de la vida, sin ningún problema en concreto, caminando por la calle pacíficamente, cuando de pronto he empezado a pensar en sangre y en suicidios. Y esto no habría significado nada de no ser porque estaba acaloradísimo y agobiado. La imagen, la espontánea imagen de mi mente, se me ha antojado empalagosa, asquerosa, turbia y muy desagradable. Cuando he llegado a mi destino, el aire acondicionado del lugar me ha despejado un poco. Hay que ver, no podía haber hecho el viaje pensando en un vaso de Cocacola con hielos, no.

Gaseosas de papelillo

Gaseosas de papelillo

Hay en mi casa unas gaseosas de esas que vienen en forma de polvo, dentro de un sobrecito. Viertes el polvo en un vaso de agua y aquello empieza a echar espuma y gas. Entonces te lo tienes que beber de golpe, porque la efervescencia dura muy poco tiempo y si tardas no acabas teniendo mas que agua con sabor raro. Hoy he decidido que iba a tomarme una. He sacado la caja del armario de la cocina, y me he sentado con mi vaso de agua en la mesa. Al abrirla, he visto una inscripción en la solapa de la tapa. Decía lo siguiente:

"La esencia de la felicidad es que aceptes ser el que eres"

¿La verdad? Me ha sentado como una patada en la boca del estómago. ¿La felicidad? ¿Es que una caja de gaseosas tiene que hablarme de la felicidad? Incluso he llegado a enfadarme. Me ha recordado a esos refranes que a veces se aceptan como irrefutables. El que a buen arbol se arrima buena sombra le cobija. Y es verdad, no hay nada falso en el refrán. ¿Pero nadie se da cuenta del interés que el refrán defiende para con las relaciones personales? ¿Y acaso no se puede aprender nada de gente de aparentemente menos cultura?
En fin, que volviendo a la solapa de la caja de gaseosas; no es verdad. Estamos acostumbrados a que lo digan en la tele, a oir a intelectualoides diciendo "Tienes que aceptarte tal como eres" ¡Pues no señor!
No quiero ser simplista. Una persona bajita lo es y lo será para siempre, debe aceptarlo. Pero... ¿Una mala persona? ¿Una persona egoista? ¿Debe aceptar que lo es y cruzarse de brazos? Que las cosas no son blancas o negras, querida caja de gaseosas.
He cerrado la caja y he vuelto a guardarla. Es un asco que estas cosas me afecten tanto a veces.

La luna

La luna

Vaya, que ultimamente me da por mirar la luna. Salgo a mi balcón y me quedo un rato embobado, pensando en mis cosas, con una cocacola o lo que sea. Esto es algo que uno no hace de no ser porque se lo pida el cuerpo. Vamos, que va a sonar algo extraño el pedirlo, pero estoy seguro de que aunque no os apetezca mirar la luna, puede ser muy gratificante. Yo os recomiendo lo siguiente: buscad un sitio tranquilo, donde podais estar comodos y en soledad, y sentaos simplemente a mirar la luna durante cinco minutos ¡Qué pacifico!