Blogia
Paperback Writer

Libros y literatura

Volando a las otras estrellas

Hace un año fui finalista en un premio literario y aquí está:

https://ateneonavarro.files.wordpress.com/2013/07/libro-relcato-corto-el-corte-inglc3a9s-ateneo-2014.pdf

Era un certamen abierto a España que se realizaba aquí, en Navarra. Hubo 170 participantes aproximadamente. Había un primer premio, muy bien pagado, y otro premio para un finalista que también estaba dotado económicamente. Y eso fue importante para mí, pues alguien creyó que mi cuento era realmente valioso.

¿Y qué más puedo decir? En ese enlace de arriba tenéis el cuento, junto con el otro premiado y la mención de mejor relato navarro. No se si alguna vez alcanzaré un logro mayor en el mundo de la literatura. No se me puede considerar un escritor, siempre he sido inconstante, y los textos me salen muy espontáneamente. Creo que llevo unos nueve meses sin tocar un libro. En el tiempo que llevo sin tocar un libro podría haber tenido un hijo. En fin, la vida es extraña.

Por cierto, han cambiado la apariencia de blogia. ¿Por qué lo habrán hecho? El minimalismo en páginas web ya está pasado de moda, y no se que sentido tiene no poder mostrar toda la información que se podía mostrar antes. He perdido mi contador de visitas, se descuadran las cosas, todo está más feo. Qué raro y descorazonador, cambiar algo que llevaba tanto tiempo igual.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

La biblioteca

Este texto lo escribí hace unos días.



Hoy he estado en una casa vacía de la calle Amaya. Para los que no conozcan Pamplona, la calle Amaya es una calle del centro, del ensanche. Es decir, de lo primero que se construyó en la ciudad después de lo que es ahora el casco antiguo. Es una calle paralela a la gran avenida de Carlos III, que por su parte es una calle peatonal, muy ancha y muy bonita. En cambio la calle Amaya es estrecha, hay un solo carril para los coches, las aceras son viejas y las fachadas grises y descoloridas. A pesar de todo ello, es una calle muy pintoresca, pues alberga numerosos comercios de esos de toda la vida, y al final, a mano izquierda, está la escuela de artes y oficios.

Como decía, hoy he estado en un piso deshabitado, en esa calle. El suelo era un parqué viejo, agrietado y abollado. Y todo estaba lleno de trastos, papeles, un caballito de madera por aquí, un cuadro viejo por allá, una bola del mundo. Las puertas eran antiguas y los muebles también. Todo color caoba, con buenos acabados. De roble, imagino, o de imitación. Últimamente estoy con muchas cosas en la cabeza y voy por ahí sin fijarme en apenas nada. En la casa había una gran biblioteca y casi se me pasa inadvertida.

Ponte la luz, hombre. Eso me ha dicho mi anfitrión al pillarme mirando los libros como un bobalicón. Había de todo. Los libros de Reverte son los primeros en los que se han posado mis ojos. Debajo, algunos de Agatha Christie. Debajo, unos cuantos sobre filosofía. Un par de Nietzsche y haciéndoles compañía, algunos clásicos. Epicuro y Aristóteles. Más arriba y bien ordenada, estaba la colección completa de los mosqueteros de Dumas. En tapa dura, con páginas grandes y muy bien conservados. Y cerca, unos tomos enormes que aseguraban contener toda la obra de Julio Cortázar. También he visto alguno de Michael Ende. La primera tentación ha sido la de cogerlos todos, pasar las manos por las tapas, pasar las páginas. Imposible resistirme. Yo, que me cojo confianzas muy fácilmente y que además soy un sobón, he estado acariciando libros a diestro y siniestro. A ver este, buen interlineado, buen papel. ¡Este tiene ilustraciones! Precioso. Mira este otro, qué finito, qué bien se lee, qué poco pesa. Puedes llevarte alguno si quieres, ya me lo devolverás. La segunda tentación. A ésta sí me he resistido. Estaban todos tan bien puestos, y eran tantos. Y a saber cuándo podría devolver el libro en cuestión. Casi me habría sentido como un secuestrador.

He dado un paso hacia atrás para obtener una última visión de conjunto. Dos metros de altura tenía la estantería, más o menos. Y tres o cuatro de largura. Aquí están los discos, son todos de vinilo, ¿Ves? Mi anfitrión me señalaba a la esquina inferior. Allí estaba toda la colección de los Beatles, original. Alguno suelto de George Harrison y todo el concierto de Bangladesh. Estos no los he mirado tan exhaustivamente. Estaban bastante apelotonados, no tan bien conservados como los libros, y los lomos no se leían. Había que sacarlos uno a uno.

El anterior dueño de toda esta biblioteca la palmó hace relativamente poco. Es una sensación rara. Pensar que alguien leyó tantas y tantas páginas, y luego se murió. Pensar que alguien leyó a los mosqueteros de Dumas, que disfrutó con esas ilustraciones clásicas de espadachines bigotudos mientras escuchaba a George Harrison. Que se pasó toda la vida recopilando libros y que al morirse, todos ellos se quedaron allí, ordenaditos sobre los estantes en una casa deshabitada. Como un tesoro escondido. Como un reflejo maravilloso de lo que debió ser toda una vida. La muerte siempre da un reflejo curioso, cuando una persona ya no está y solo quedan de ella ciertos recuerdos. Esta mañana también he estado en Burlada, hacía un año que no ponía un pie por allí. Me he quedado algo paralizado al ver la iglesia, la última vez que la vi fue en un día horrible en el que algunos compañeros nos despedimos de otro al que ya no hemos vuelto a ver. A veces me esfuerzo por ser objetivo con los recuerdos que tengo de gente que ya no está, pues para uno mismo, son todo lo que queda de esa existencia. Pero es un ejercicio difícil, pues uno los colorea con su visión particular.

Los tanatorios y los cementerios siempre me hacen sentir extraño, pensar que la muerte existe y que me tocará a mí, y que todo esto dejará de tener importancia, y que serán otros los que verán mi lápida (por un tiempo) y trastocarán mi existencia, sin querer. Esta biblioteca privada de la calle Amaya se me antoja como una gran lápida. Un epitafio maravilloso pero perecedero. Y desde un punto de vista algo más agorero, es casi la muerte misma. Con todos esos libros preciosos, llenos de historias y bien cuidados, pero encerrados a oscuras y condenados al olvido.

La mirada perdida

Este es otro cuento que he escrito y que no se si os gustará. En verdad, no se si me ha salido bien o mal, pero he disfrutado haciéndolo y lo pongo aquí porque tal vez os guste.

Lucio era un niño que un día contrajo una extraña y desconocida enfermedad. Tenía, sobre el cabecero de su cama, una fotografía enmarcada de su abuelo. La mirada del abuelo de Lucio en aquella fotografía siempre había atraído la curiosidad de todo el mundo. No era una mirada normal. Era una mirada perdida. Los ojos del anciano estaban congelados, mirando al infinito. Cuando uno miraba la fotografía durante un breve instante de tiempo, solo captaba el hecho de que aquel anciano retratado estaba ensimismado. Pero si se observaba la fotografía durante un par de minutos, el observador se perdía en la mirada del abuelo. Era una mirada infinita, una mirada potente. Una mirada que decía, sin palabras, haber visto muchas cosas. Pero que al mismo tiempo hacía suponer que esos ojos no habían visto, jamás, ningún elemento de este mundo.

Lucio nunca conoció a su abuelo en persona, pues el hombre ya estaba muerto cuando Lucio nació. Y un buen día, Lucio se levantó con aquella mirada. Se levantó con la mirada de su abuelo. Los médicos no daban crédito. El doctor de Lucio dijo que jamás había visto un caso así. Este niño, dijo en una ocasión, Tiene la mirada perdida. Lo estudiaron durante varios meses. Le hicieron cantidad de pruebas y análisis. Examinaron a Lucio tanto física como psicológicamente. Pero los médicos de Lucio no consiguieron descubrir el origen de aquella extraña patología. Lució había perdido, de alguna manera, la mirada. Sus ojos no respondían. Siempre se hallaban congelados, mirando al infinito. Y Lucio, a pesar de estar perfectamente, daba la impresión de estar siempre triste.

Un buen día, poco después de que Lucio cumpliera quince años, llegaron unos científicos de Nueva York. Llegaron dispuestos a resolver el problema de Lucio. Durante dos semanas, sometieron a Lucio a toda clase de pruebas.

¿Cual es tu color preferido?, preguntó uno de los científicos. El azul, dijo Lucio. Este chico tiene un exceso de azul, dijo el científico, Su mirada ha absorbido demasiado azul. Todo el mundo sabe que el azul es el color de la melancolía, explicó el científico, que al parecer tenía un doctorado en colores. Así que durante una hora eliminaron todo objeto azul de la casa de Lucio. Al cabo de ese periodo de tiempo, el doctor en colores preguntó, ¿Cómo te sientes? A lo que Lucio contestó, Incompleto. ¿Por qué?, preguntó el científico. Porque me gusta cuando mi mirada se pierde en el color azul. El color azul es como un mar. Mi mirada se posa en él y yo, que no soy mas que su esclavo, navego entre las olas del azul y entonces me siento marinero. Y si no navego en el azul, me siento incompleto, porque en el azul uno puede perderse, y sentir la brisa marina sobre sus mejillas. El doctor en colores asintió y se dio por vencido, El color azul no es el problema, dijo cediendo el turno al resto de sus compañeros.

Entonces llegó el turno de otro de los científicos neoyorquinos. ¿Te gusta mirar por la ventana? Le preguntó a Lucio. Lucio asintió. Entonces el científico presentó su hipótesis a los padres de Lucio. Embobamiento felino, dijo, pues al parecer aquel científico era doctor en gatos. Expuso una pizarra en la cual había dibujado un gato que miraba por una ventana. Los ojos del gato se hallaban perfectamente señalizados por un letrero que decía: “Mirada perdida”. Y debajo del gato, en letras grandes, se podía leer la palabra: “Triste”. Así que durante una hora, taparon todas las ventanas de la casa de Lucio. Transcurrido el tiempo, el doctor en gatos preguntó, ¿Cómo te sientes? A lo que Lucio contestó, Incompleto. Me siento incompleto porque en ocasiones, mi mirada perdida va a parar a la ventana. Y entonces el tiempo me abandona. Y es mi mirada la que recae en todas y cada una de las personas que pasan por la calle, en el humo de las chimeneas, en los coches viejos, en los niños que juegan y en los pájaros que vuelan. Y yo, que no soy mas que su esclavo, me pierdo entre todos estos elementos, y me siento como un turista. ¿Sabía usted que algunas palomas son completamente blancas? Esto es porque son una especie distinta fuertemente emparentada con el resto de palomas, que también me gustan. El doctor en gatos se quedó desconcertado ante tamaña explicación y cedió el turno al doctor en jazz, el cual pensó que la enfermedad de Lucio era debida a la ausencia de música y sometió al chico a una hora de jazz. Tampoco funcionó, pero Lucio lo agradeció mucho, pues no conocía estilo de música alguno y le agradaron mucho todas las canciones que escuchó.

Al cabo de muchas pruebas, los científicos neoyorquinos decidieron regresar a Nueva York dándose por vencidos. Antes de irse quisieron ponerle un nombre a aquella enfermedad incurable y la llamaron Enfermedad de la mirada perdida.

La adolescencia de Lucio pasó sin pena ni gloria para el chico, y muy pronto se convirtió en un joven apuesto. No era excesivamente alto ni excesivamente bajo. Pero era un chico guapo y atractivo. Qué lastima que tu mirada esté perdida, solían decir los padres de Lucio, Si fueras un chico normal podrías tener a la mujer que quisieras. Pero Lucio no lo entendió. Él simplemente se limitaba a dejarse llevar por aquella mirada tranquila. Podía pasarse horas, e incluso días, observando un único elemento. Y Lucio, que hacia años que se había dado por vencido, ya no se resistía, y se dedicaba a observar con atención todos los detalles de aquellos elementos en los que su mirada decidía ir a parar. A veces era la cara de una persona mayor, y entonces Lucio ponía atención en todas y cada una de las arrugas, así como en las marcas de la vejez.

Un buen día, una chica se interesó por Lucio. Pensó que aquella mirada perdida tenía un gran encanto, y se lo dijo a Lucio. Lucio no se interesó en un principio, pues no conocía siquiera la cara de aquella chica, pues su mirada nunca había ido a parar allí. Además, no sabía que era el amor, y cuando ella le hablaba, el estaba demasiado concentrado en algún elemento del mundo como para prestar atención. Hasta que un día, la mirada de Lucio se posó en ella. Lucio no lo vio venir, ni tampoco lo deseó. Pero su mirada sí. Se posó en el rostro de aquella joven mujer durante meses. A Lucio le encantaban los ojos de aquella chica, porque eran cálidos y lo miraban con cariño. Y también sus labios, que eran rojos y gruesos y que daban ganas de perderse en ellos. Tenía las mejillas redondas y una sonrisa hermosísima. Entonces Lucio pensó, Esto es lo que llaman amor.

Pero la relación de Lucio con su primer amor pronto se entorpeció. Nadie sabe lo difícil que es querer a un chico que tiene la mirada perdida. A veces, ella le hablaba, pero Lucio estaba tan ensimismado con cualquier cosa, como un charco de agua, o una hoja otoñal desprendiéndose de un árbol, que apenas podía prestar atención. Y entonces ella, enormemente cansada y apesadumbrada por no ser el centro de atención, decidió dejar a Lucio de lado. Ya no quiero saber nada de ti, ni de tu mirada perdida, dijo. No es tu mirada, eres tu. Eres tu el que vive en su mundo. Y al cabo de un tiempo, se casó con otro chico que apenas prestaba atención a las cosas realmente bellas de la vida, pero que era, en el fondo, mucho mas entretenido y ameno. Durante los días posteriores a aquella ruptura, la mirada de Lucio se centró en un pequeño estanque que había en un parque, cercano a la casa de Lucio. Ahora soy un marinero al que han dejado de lado, pensaba Lucio mientras su mirada se posaba en el estanque. Ahora navego en este estanque, y solo los gorriones que vienen a bañarse y beber agua, son mi consuelo.

Lucio no tenía muchos amigos, pero las personas que lo conocieron, decían que desde aquello, Lucio nunca volvió a ser el mismo. Nunca dejó de estar triste y, a veces, cuando la mirada de Lucio se centraba en algo realmente bello, como el sol cuando amanece y tiñe el cielo de diferentes tonos de rojo, o como cuando un animal vive salvaje y corre libre por el campo, una lágrima de emoción recorría su mejilla. Y entonces Lucio recordaba a aquella chica que lo amó una vez. Recordaba, casi a la perfección, todos los elementos de su rostro, pues lo había observado durante tanto tiempo, que conservaba en su memoria una imagen fotográfica. Y así pasaba muchas horas recordando sus ojos cálidos, sus mejillas redondas y su amplia sonrisa, mientras la mirada de Lucio se perdía en la infinitud de las cosas realmente bonitas.

Cuento

Este es un cuento que he escrito porque me aburría. No lo he pensado mucho y me ha costado mas bien poco escribirlo. 

 

Había una vez un chico que se sentía solo porque sus padres habían muerto y sus amigos lo habían abandonado. No mentiré. Pensó en cortarse las venas de un tajo. Fue a su cocina y cogió el cuchillo jamonero. Cuando fue a suicidarse, se dio cuenta de que no le gustaban los cuchillos y de que la idea de cortarse las muñecas lo aterrorizaba. Así que no lo hizo. A continuación se dirigió al armario de las medicinas pensando que, tal vez, podría tomar medicinas hasta quedar inconsciente y morir. Su madre solía decirle que no tenía que tomar medicinas sin preguntar primero, porque podía morir. Así que le pareció adecuado. Cuando abrió el armario de las medicinas se dio cuenta de que no sabía para que servía ninguna de ellas, salvo las pastillas para la tos. El chico prefería morir sabiendo como ocurría, así que decidió que lo mejor sería tomar pastillas para la tos hasta la muerte. Pero no murió. Cuando acabó con el bote, se le quedó la garganta tan suave, que pudo cantar como los ángeles.

El chico vivía solo con su gato. Tras muchos intentos fallidos de suicidio, entre los que se contaban sogas con nudos que no se sostenían y tentativas de saltar por la ventana, pensó que lo mejor era morir devorado por su gato. Los gatos son fieras salvajes que provienen de la selva y de la sabana africana. Y creen en la cadena alimenticia. Si el chico iba a morir, por lo menos serviría de alimento para su gato. Así que lo primero que hizo fue vaciar el cuenco de comida del felino. Después se desnudó completamente y se tumbó en el pasillo, esperando a ser devorado. Pero el gato no se lo comió. Simplemente se tumbó a su lado y maulló de hambre, hasta que los maullidos fueron tan insoportables que el chico acabó dándole de comer.

Suicidarse era agotador, tanto que el chico decidió abandonar esos planes por el momento. Se vistió y se marchó de casa sin intención de volver, porque su casa solo le traía malos recuerdos, no sin antes dejar veinticinco kilos de comida para gatos y doscientos litros de agua repartidos por la casa para que su gato pudiera vivir en su ausencia. Ahora que podía cantar como los ángeles, pensó que lo mejor sería entrar en un coro, porque aunque no le gustaran los coros, tal vez podría matar su tiempo con eso. Así que lo hizo. Había un local cercano a su casa, donde una gente muy extraña se reunía todos los jueves para cantar. El chico entró, y antes de que le preguntaran nada, cantó El himno a la alegría, que era la única canción que conocía. Los allí presentes quedaron impresionados ante tal voz angelical y decidieron contratarlo como solista principal. Durante unos meses, el chico visitó las ciudades mas influyentes de Europa en el mundo del canto. Berlín, Roma, París y demás. Sus compañeros le preguntaron en una ocasión por qué tenía tan buena voz. El chico dijo que había intentado suicidarse tomando pastillas para la tos y que en lugar de morir, había obtenido ese don divino. El coro era religioso y estaba financiado por una congregación cristiana. Todos los coristas quedaron escandalizados ante tal explicación. No les gustaban los suicidas ni los blasfemos, así que decidieron mandar al chico a paseo.

El chico comenzo a pasear aburrido, tal y como le habían mandado, pero se cansó al cabo de unas horas y decidió volver a casa, muy a su pesar. Limpió su casa y después compró un arma por internet. Al cabo de tres días llegó hasta su casa una pistola. Aprendió a manejarla y después se dirigió al campo, con intención de cavar su propia tumba, pegarse un tiro en su interior y pedir a algún pueblerino sin estudios que lo enterrara. Aunque si el plan podía sucederse en otro orden, tanto mejor. Era media noche cuando salió de casa y como no tenía coche, decidió andar. En un callejón oscuro encontró a dos personas. Una chica preciosa y un señor muy feo. El señor feo apuntaba con una navaja a la chica y le gritaba cosas feas. El chico iba a quitarse la vida de todas formas, así que no le importó arriesgarse e intervenir. Sacó la pistola y le dijo al señor feo que dejara en paz a la chica preciosa o que lo cosería a balazos. El señor feo tiró su navaja al suelo y salió corriendo. La chica preciosa se acercó y dio las gracias. El chico le dijo que no tenía porque darlas. La chica se enamoró del chico, porque este le había salvado la vida. Y el chico no se suicidó porque también se había enamorado y de todas formas, había olvidado comprar munición por internet. Ambos tiraron el arma a un contenedor, recogieron al gato de casa del chico y se fueron a vivir a casa de la chica. Y fueron felices para siempre. Aunque tuvieron algún que otro momento cabrón, pero en términos generales, fueron felices.

El detective sucio

En internet están de moda los microrrelatos. No es un género que me desagrade, pero me da pena que triunfe sólo porque la gente no quiera gastar mucho tiempo en leer. A pesar de todo yo me pusé a prueba con él. ¡Espero que os guste!

El repiqueteo de la lluvia en la ventana y el rugido amortiguado de los autos de la calle consiguieron despertar al detective. Eso, o sacarlo de su incómoda duermevela. Cuando era joven solía notar fuertemente los olores de la mañana. Ahora ya no, claro. No después de tantos años siendo fumador. Así que, sea como fuere, se despertó y se fumó un puro, ignorando por completo su olor corporal. ¿Se puede ser un indigente durmiendo bajo techo? El detective solía hacerse esa pregunta. Aquel día también se la hizo, mientras enrollaba el viejo colchón de muelles cedidos y lo metía en el armario de la oficina. El cuerpo le picaba. Le picaba por su mala higiene. Por su inexistente higiene. El sudor se acumulaba en todos los resquicios de su piel y después se secaba. La oficina, por su parte, olía a tabaco y a choricillos quemados. A mierda, vamos. Como si alguien hubiera hecho sus necesidades allí mismo, en el escritorio. El detective se metió la camisa por dentro de los pantalones, se sirvió el primer whisky aguado de la mañana y se sentó en su silla, mirando la puerta. Rememoró sus años como policía y suspiró el humo de su puro, sin que ninguna de estas dos cosas consiguieran conmover su espíritu apático. Con un poco de suerte, vendrían uno o dos clientes. Luego, por la tarde, tendría que seguir a un par de adúlteros cabrones y a algún putero de los suburbios. Ojalá, pensó, ojala le tocara perseguir a algún pobre ladrón.
Decidió, al fin, que abriría la ventana cuando se acabara el puro y la copa. Que él no tuviera olfato no significaba que aquel despacho no oliera a cuerno quemado.

La voz de los muertos

Cuando empecé este blog, la primera entrada que escribí fue sobre un libro. El juego de Ender, del que tomé mi pseudónimo con el que no pocas personas me conocen ya. Vamos, que mas que pseudónimo, ha pasado a ser un apodo. Lo cual es cuanto menos raro, pero de eso ya hablaremos otro día. Cuando lei ese libro por primera vez, me enteré de que había otras tres continuaciones. Era el primero de una tetralogía. A día de hoy me he leido ese libro muchas, muchas veces y yo creo que podría decirse que es mi libro preferido. Y eso es algo dificil de decir, porque de entre todos los libros que hay, es casi imposible quedarse con uno. Y a mi me pasa también con el cine y la música. Pero El juego de Ender, que le vamos a hacer, es mi libro preferido. Tal vez no el mejor libro que he leido, o tal vez si, pero sin duda el que mas disfruté. Los motivos... Bueno, no quiero aburriros con eso. Dejemoslo en que para mi es un muy buen libro, si acaso otro día explicaré porque.
Volviendo a las continuaciones de mi libro, yo sabía que existían, pero no las tenía. Sin mucho ímpetu las busqué un par de veces en las librerias, pero nada. No estaban. Así que me crucé de brazos y dejé de esforzarme en buscarlas. No se muy bien porque lo hice, porque dejé de buscar las continuaciones de El juego de Ender. Creo que hubo una confluencia de motivos. Por una parte, esperando que fueran unos libros tan buenos como el primero, pensé que llegarían a mi antes o después y de esa manera, la ilusión por su lectura duraría mucho. Por otra parte, y al ser El juego de Ender una historia autoconclusiba, no estaba seguro de querer leer esas continuaciones, para no llevarme una decepción mas que nada. Así que esperé.
Hoy Alba me ha regalado La voz de los muertos. La segunda parte de El juego de Ender. Ha llegado la hora de leer el segundo libro y no se como me siento, pero allá que voy. Deseadme suerte.

Los espejos venecianos - La fórmula de un bestseller

Los espejos venecianos - La fórmula de un bestseller

 

Hace unos días eché una ojeada a mi estantería de libros porque no tenía lectura. Allí estaba la novela titulada "Los espejos venecianos", un libro corto, de unas cien páginas. Lo cogí. Ya lo había leído hace unos años, nos lo hicieron leer en el instituto para la asignatura de lengua. Acabé cogiéndole cierta manía, ya de chaval. Teníamos que leerlo, hacer un estudio de ciertas palabras que no requerían de ningún estudio y luego realizar un examen. Yo me esforcé debidamente, porque era un niño con ilusión por hacer las cosas bien. Hice un glosario de palabras entre las que estaba toga. Es difícil hacer un glosario de palabras que supuestamente no entiendes cuando en realidad las entiendes todas. Tienes que elegir las palabras adecuadas para que resulte creíble lo de que no las entendías. A todos nos habrá pasado algo así en la escuela o en el instituto, supongo. Yo no soy ningún lumbrera del lenguaje, pero es que el libro usaba palabras tontas y de muy amplios significados, si acaso otra actividad se habría adecuado más al estudio del mismo que no buscar el sentido de esas palabras. Que por cierto, acabaron pareciéndome palabras muy estúpidas, aunque en realidad no lo eran. Busqué el significado exacto de toga, y cuando llegó el examen, se exigía el dibujo de una toga. Yo dibujé a un hombre mayor (Gandalf, pero eso no lo dije en el examen) y le puse una toga. Estaba tan confiando, que hasta le puse sombras y un libro bajo el brazo. Cuando el profesor me entregó el examen corregido, había tachado mi dibujo con saña y había escrito con muy mala letra: "No sabes lo que es una toga".

¡Me cago en la leche! ¿¡Qué yo no se lo que es una toga!? ¿¡Qué yo no se lo que es una mierda de toga!?

Ejem, mil perdones por lo grosero, pero esas fueron las palabras exactas que aparecieron en mi mente. Así que frustrado y decepcionado, fui a casa y dediqué una hora entera a ver tipos de togas, historia de las togas, acepciones de las togas según diferentes dialectos del castellano. Resultó que mi dibujo no estaba mal, que incluso un pariente había usado una toga así para su final de carrera.
Como comprenderéis, todas estas circunstancias hicieron que le cogiera asco a aquel libro. Lo dejé en la estantería y quise olvidarme de él para siempre. Pero como digo, hace unos días lo cogí, por curiosidad más que nada. Quería ver que clase de libro convenían como adecuado para los estudiantes de ESO, porque a decir verdad, ya no recordaba muy bien la novela.

La novela trata de un estudiante que viaja a otra ciudad para realizar un curso, durante el siglo XVIII. Allí le llama la atención un palacio abandonado contiguo a la casa donde se hospeda, encuentra un misterio referente al palacio e intenta resolverlo. Entiendo porque nos hicieron leerlo en el instituto, pero no estoy de acuerdo con esos motivos. Nos hicieron leerlo porque la mayoría de los chavales no tienen amor por la lectura, y este es un libro corto, de trama muy sencilla y lenguaje muy legible. Como digo, la narración se nutre exclusivamente de adjetivos, pasando por alto símiles, metáforas, sentimientos y todo acaba resultando un poco abstracto. Las conversaciones también son muy simples, y los sentimientos de los personajes, se tratan de forma muy descuidada. Tan pronto se enamoran, tan pronto se enfadan con otro personaje, tan pronto presentan mucha vitalidad... Todo ello desemboca en que el lector acaba por no saber como es la ciudad donde transcurren los hechos, por no saber si un personaje actúa o no en contra de las costumbres de la época, y en mi caso, por sentirse un poco idiota.
Como no me explico muy bien, voy a hacer una comparación. Supongamos que una narración es como una construcción de lego. O mejor aun, como una torre hecha con lego. Si queremos, podemos hacer una torre maciza, unir las piezas hasta que formen un bloque y listos. Este es el método más fácil, y al final tendremos una torre muy sencilla. Pero si queremos que tenga balcones, algunas de esas piezas habrá que colocarlas de diferente forma para que sobresalgan de las paredes del bloque, o mejor dicho, la torre. Si queremos que tenga balcones y tejado, será mas complicado aún. Y todavía hay más, porque supongamos que tenemos pocas fichas y aún así queremos hacer una torre de iguales dimensiones. Tendremos que distribuirlas de diferente forma, hacer una red, un entramado con huecos entre medio hasta completar la torre. Y aún y todo, podríamos seguir pretendiendo poner balcones y tejado. Así, la narración de este libro resultaba como una torre maciza.
Cuando he terminado la lectura, he leído en la contraportada "a partir de 14 años". Así que no me he sentido decepcionado, no vayáis a pensar. Es un libro para adolescentes que no estén acostumbrados a leer, luego la finalidad del libro es muy buena. Sin embargo, yo creo que una persona de 14 años es capaz de entender mucho más. Hay autores muy complicados y aburridos para alguien de esa edad, pero también hay muchos autores que se han esforzado en hacer una literatura legible y a la vez sublime. De simple narración, pero dispuesta con tal genialidad, que el argumento no se ve afectado. Con todo esto solo quiero decir que creo que en mi instituto hicieron una mala elección con este libro, pues me parece importante que chavales de esa edad lean otras cosas que podrían ser muchísimo mas estimulantes, tal vez no para con la lectura en sí, pero sí para con la vida.

Otra cosa sobre la que he pensado, y ya me callo porque creo que hoy estoy siendo un poco aburrido, es que este es el principio de los best-seller, salvo que la trama en los best-seller suele ser atractiva, dinámica y contiene elementos importantes en nuestra vidas. Así que los best-seller tienen una trama con esas características y la desarrollan con este tipo de narración maciza y coherente, tipo torre de lego a prueba de cañonazos. La pega es que al final la historia tiende a resentirse presentando agujeros y un exceso de sencillez. De todas formas, el éxito de un libro depende de muchísimas cosas y no siempre ocurre así. Pero muchas veces sí.

 

A petición de Hettar

Digo, para eximirme de toda responsabilidad. Esto es a petición de Hettar. Es un pequeño relato que escribí durante mi estancia en el hospital. Fruto del aburrimiento, de las malas pulgas y del hastío por la comida que venía todos los días en repugnantes bandejitas de plástico. En fin, no es el estilo al que os tengo acostumbrados, aviso.

Llegué al hospital. No era mi día. No había tenido suerte, aunque yo no sabía nada todavía.
-Hola, soy Manuel Marambio. -dije en control.
-Su habitación es la 309, al fondo a la izquierda. Enseguida lo instalará mi compañera, ¿Está usted nervioso?
Era la primera vez que me lo preguntaban desde que había salido de casa. No, no estaba nervioso. La cirugía iba a ser sencilla, si acaso tenía yo un poco de miedo. ¿Tiene usted miedo? Deberían haberme preguntado ese día, pero claro que nadie se atreve a preguntar algo así. En parte porque no hace falta, porque se entiende que el que está nervioso por una operación, tiene un poco de miedo. Pero yo no estaba nervioso, había conseguido controlarme. El miedo era otra historia.
-¿Estás nervioso? -volvió a preguntarme mi compañero de cuarto, que era un joven muy extraño. Iba con el camisón del hospital, una barba adolescente de semanas, y los ojos entornados hacia el suelo. Llevaba una bata roja que le daba un aire muy aristocrático, muy elitista. Leía poesía. Era un joven muy extraño.
La enfermera entró y la noté yo preocupada. Me mostró el armario, el baño, me enseñó el funcionamiento de la cama eléctrica... Pero como digo, no era mi día. Lo supe porque me lo dijo la propia enfermera.
-Hoy no es su día.
Me puse nervioso. Habló rápido, bajito, con el tono de la irrelevancia. Pero no era una buena actriz. Supe que hablaba en serio al instante, y eso fue lo que hizo que me pusiera nervioso.
-Le digo que hoy no es su día, ha tenido usted muy mala suerte. Si hubiera venido mañana... Pero no, ha tenido usted que venir hoy.
-¿Cual es el problema? -pregunté consternado, desolado e intranquilo; sensaciones que crecían en intensidad con el progreso de aquel terrible discurso, de aquella macabra verborrea.
-El problema, señor Marambio, es la comida. Hoy hay mierda para cenar.
La enfermera se fue, dejándome allí, en pie, asimilando lo que acababa de decir. Se fue y dejó tras de sí la negra visión de la coprofagia. Mudo me senté en la cama, sin decir una palabra. La mente en blanco y sin energías.
-Has tenido mala suerte, -habló mi compañero, el joven extraño, sin levantar la vista de su libro de poesía- los jueves siempre hay mierda.
No lo oí. Mis sentidos desaparecieron. Me quedé como una estatua hasta que llegó la cena. Mi sensibilidad regresó entonces de golpe, con aquel olor. Lo noté por el olor, por el fétido aroma del desecho, por el instinto animal que me decía desde mi interior, ¡Corre, corre! ¡Aléjate de la mierda!
Cuando al fin destapé la bandeja, descubrí la mas terrible de las pesadillas, la cima del mal gusto, la reina de la arcada y del revuelto estomacal. Una hez enorme, seguramente de vaca o de caballo, me esperaba en el plato, lista para ser engullida con cuchillo y tenedor.

 

El hombre duplicado

El hombre duplicado

Ya habrá pasado como un mes desde que acabé "El hombre duplicado" de José Saramago. La verdad es que me gustó, pero por encima de todo, me hizo sentir terror. Hoy no quería comentar mucho el libro, solo mencionar la genialidad en la narración por parte del autor, así como su también genial descripción psicológica de personajes que se va dando durante todo el libro.
Pero como digo, lo mejor fue el verdadero terror que sentí al leer esas lineas. Un terror psicológico, un terror filosófico, un terror peculiar al que no era la primera vez que me enfrentaba. Edgar Allan Poe. Es un terror, este de Saramago, muy similar al que ya cultivaba el romántico escritor en su día. Y es el tema de "El hombre duplicado" muy similar, por no decir el mismo, a el del relato "William Wilson" del mencionado autor. Naturalmente, me he preguntado durante unos días; ¿Plagio o coincidencia? En ningún momento he leido en el libro de Saramago algo del tipo: libro basado en la idea de... No estaría de mas alguna aclaración así. Digo yo que no es tan grave basarse en la idea de un clásico para desarrollar un libro entero de clara genialidad. Será simplemente coincidencia, aunque nunca se sabe y yo tampoco tengo todos los datos.

El señor del sombrero

Bueno, pues me apetecía escribir algo asi, psicodélico. Un poco tétrico, tal vez.

El semáforo no se ponía en verde. La gente llevaba diez minutos esperando, pero el semáforo no se ponía en verde. El hombre del sombrero no estaba nervioso. Confiaba en que aquello solo era un fallo informático. Algo habría pasado en la base de datos de la policía y pensaba, seguro de sí, que lo arreglarían enseguida.
Llovía. Eso no calmaba los ánimos de los transeuntes. Algunos se daban por vencidos y se iban, otros parecían decidirse a cruzar la calle y se arrepentían en el último momento, culpa del abundante tráfico. El señor del sombrero no estaba nervioso. El agua golpeaba su sombrero y caía en abundancia por los límites de éste. Además, el señor del sombrero estaba tan parapetado en su impermeable marrón, que no sentía frío alguno. El señor del sombrero no estaba nervioso.
Otro hombre joven se unió al grupo de los que trataban de cruzar la calle, haciéndolo con especial ímpetu. Aquella era una de las principales avenidas de la ciudad y había cuatro carriles por cada sentido. El tráfico era fluido, rápido y abundante, lo que hacía que el hombre joven se moviera hacia delante y hacia atrás conforme aparecían huecos entre los automóviles. El señor del sombrero puso su mano en el hombro del joven. "Es un suicidio" dijo, "es mejor esperar". El hombre joven también dijo algo, pero nadie lo oyó. El ruido de la lluvia y del tráfico amortiguaron sus palabras. Después, se marchó de allí con cierto desdén y nadie volvio a verlo jamás.
El hombre del sombrero no estaba nervioso. Seguía confiando en su idea de que todo aquello solo era un fallo informático que no tardaría en ser reparado. Y mientras el hombre del sombrero pensaba ésto, el tiempo empezó a transcurrir. La gente iba y venía, pero nadie llegaba a cruzar la calle. Había momentos en los que el hombre del sombrero se encontraba solo bajo la lluvia, y en una ocasión, una mujer que pasaba por segunda vez por aquella acera, le preguntó que cuanto tiempo llevaba allí. El hombre del sombrero le respondio con una calma tal, que podría haber sido considerada parsimonia. "Llevo un rato aquí, pero en seguida cruzaré la calle, en cuanto arreglen este problema informático". La mujer le informó de que ocurría lo mismo en todos los semáforos de la ciudad, pero el hombre del sombrero ya lo había deducido para entonces, pues el tráfico era constante y nunca había espacios vacios en él, que podrían haberse acumulado y arrastrado en algun semáforo que funcionara correctamente.


Había llegado la noche. Ya no había nadie en el exterior, los peatones se habían resignado a no salir a la calle. Solo el hombre del sombrero esperaba en la acera. Esperaba al semáforo, a la luz verde. Desde que tenía memoria, los semaforos estaban en rojo y en verde. Ambas luces se habían ido sucediendo durante años, primero una y luego la otra. Esperar y pasar, esperar y pasar. Así había sido siempre, así era como funcionaba. Pero hoy no. Hoy solo había luz roja en el semáforo.
El viento se levantó y la lluvía golpeaba con fuerza contra todo, incluida la escondida cara del señor del sombrero. Miró su reloj. Estaba parado. No podía ser, la pila siempre duraba tres meses y en esta ocasión solo llevaba uno dentro del reloj. Tres meses exactos, y el señor del sombrero la recargaba una vez transcurrido ese periodo de tiempo. Llevaba años haciendolo... Se quitó el reloj. Tenía ganas de gritar al cielo y preguntar quien le torturaba, pero no lo hizo. Tenía ganas de tirar su reloj al siguiente coche que pasara, pero tampoco lo hizo. Estuvo un rato enfadado y de pronto, algo se encendió en su interior. Volvía a estar tranquilo. Miró a un lado y a otro de la calle. Los coches pasaban mas rápido que nunca, sin pausa alguna. Todos ellos llevaban una velocidad por encima de la permitida en el interior de la ciudad. Iban tan rápido, que era dificil distinguir su forma y color.
El hombre del sombrero puso un pie fuera de la acera. No estaba nervioso. Nunca lo había estado. Corrió hacia el otro lado. Durante diez metros, se movio esquivando los coches con gracia. Éstos no intentaban esquivarlo, ni mucho menos se paraban, pero el señor del sombrero movía su cadera a un lado y a otro, daba pasos, saltos y conseguía avanzar a duras penas.
Un coche le impactó en el costado, con tanta fuerza, que el señor del sombrero voló hasta la acera contraria, cayendo boca arriba. El sombrero había caido lejos de él, con tan poca suerte, que un coche pasó por encima destrozando su elegante forma. Entre sangre y dolor, las estrellas pudieron vislumbrar una cara llena de sabiduría, arrugada y afectada por la vejez. El señor del sombrero sin sombrero sonrió. Era el momento mas feliz de su vida. No estaba nervioso, él nunca lo estaba.

Medianoche en Nigthcity

Medianoche en Nigthcity

Este relato ya lo he publicado en un par de foros. De los relatos que suelo escribir, este es de mis preferidos. Me gustaria seguirlo pero no me siento muy inspirado. Si a alguien se le ocurre alguna idea, o, como siempre, alguna correccion que hacer, que comente por favor. La imagen es un dibujo inspirado en la pelicula Bladerunner. Para entrar un poquillo en contexto.

Medianoche en Nightcity y la peor mano de mi vida. Pareja de doses. Kevin, el netrunner esta apostando fuerte.
Estos netrunners, son unos cabrones escurridizos, no sabes por donde cogerlos.
-¿No vas John? -me dice- ¿Necesitas pasta? -¿Qué si necesito pasta? Será carbón. No contesto, simplemente tiro las cartas sobre la mesa.
-Me abro.
¿Alguien se sorprende? No, creo que no. Menuda noche, tres puñeteros eurodolares es todo lo que he ganado. Tal vez me llegue para otra docena de huevos. Me pongo la cazadora y salgo del café. Coño, hace frío. Seis grados como poco, aunque lo peor es la tranquilidad del ambiente. No me gusta, las tragedias ocurren en noches tranquilas.
Camino, no hay prisa, hace mucho que no tengo miedo a la oscuridad. Un par de balazos en las piernas te hacen perder el miedo hasta de la muerte. Me pego a uno de los lados de la calle, porque una cosa es la valentia, y otra la estupided.
Oigo pasos. Alguien me sigue. Quien quiera que sea camina rápido y jadea. Joder, le oigo respirar, pero los pasos no indican que esté cerca de mi. Esta nervioso, él sí que tiene miedo. Decido esperar unos segundos, para comprobar si realmente me está siguiendo o es pura coincidencia. Giro aleatoriamente por un par de bifurcaciones, en efecto, el hijo de puta me sigue. Rápidamente, nada mas doblar una esquina, me introduzco en un callejón oscuro y me pego a una mugrienta pared. Se para, el tipo se para. ¿Estás asustado pequeño? Le oigo acercarse, lentamente, midiendo sus pasos. Me ha visto, estoy justo a su derecha y mi pipa a dos centímetros de su sien. Un momento, es una mujer y bastante joven.
-Tira el arma -ella obedece- y ahora dime ¿Por que coño me sigues?  -No contesta, querrá mis pobres eurodolares.
Sinceramente, me da pena. Una chica así no debería estar jugándose la vida en la calle... Pero que cojones, yo tampoco debería estar aquí ¿A caso tenemos alternativa? No, claro que no, estamos todos en la misma mierda. ¿Qué hago? ¿Podría cargármela a sangre fría? Lo dudo, la mierda de moral que queda en mi alma aun puede distinguir entre lo que esta feo y lo que esta jodidamente feo. Pero una cosa está clara, vacilar es un lujo que no te puedes tomar en nightcity. ¡Pam! La chica saca un arma del bolsillo y me dispara en un muslo, por suerte, no toca la femoral. Estaba demasiado cerca como para darme cuenta, eso y el ron que llevo encima. Intentaré al menos no ser letal, no me gusta matar a nadie que simplemente, lucha por subsistir. Dos tiros, uno en el hombro y otro en un muslo. Ahora estas el doble de jodida que yo, zorra. Cae al suelo. Vivirá. En frente hay un garito abierto. Me arrastro hasta él y llamo a la puerta.
-Ahí en frente hay una mujer herida, haga el favor de atenderla caballero -el tipo me mira. Es un africano alto, enorme. "¿Estas loco amigo?" estará pensando. Miro mi cartera, cinco eurodolares y esta noche no ceno. Maldita estúpida, ¿Por que tuvo que intentar robarme a mi? ¿No pudo hacerlo con cualquiera de esos mamarrachos pistoleros de poca monta?- Tome, cinco eurodolares.
Los acepta y sale. La ayudará, lo se porque en esta apestosa ciudad no puedes jugársela al primer desconocido y menos si éste sabe donde trabajas. Me alejo de allí, por fin y en 20 minutos (que habrían sido 5 de tener la pierna sana) ya estoy en mi apartamento. Hace un mes que asalté aquel fumadero y llene de plomo a dos tipos. Dos tipos anónimos, sin nombre para mi, solo trabajo. Por lo que me dijo la persona que me contrató, de conocer sus vidas, habría aceptado el curro gratis. Imbécil, ¿De verdad pensaba que iba a tomarme la jodida molestia de matar a dos personas gratis?
Me tiro sobre la cama y dejo la pipa en la mesilla de noche, que hace las veces de mesa de comedor. Tengo que sacar la puta bala del muslo, desinfectar la herida y poner una venda. Joder, he estado en varias querellas como para que una loca cualquiera me agujeree la pierna. Luego dormiré con un ojo abierto, por si a algún poli idealista le da por aparecer. Nunca se sabe. Mi nombre es John SadWing y soy un asesino. Nací allá por el 82 en Nueva York, cuando los últimos pisos de los edificios se veían desde el suelo, y la pasma era capaz de correrte a hostias por llevar un arma. Aunque suene raro, estuve casado. Por lo visto mis padres creyeron que podían sacarme del fango. Y una mierda. Mi mujer y mi hija fueron asesinadas. El tipo que lo hizo solo quiso la cartera de mi mujer. Mary se llamaba y válgame Dios que era guapa. Y a Dios también mentó el asesino, segundos antes de morir. "¡Por Dios, por dios!". Sus sesos se incrustaron en la pared, en el vestíbulo de su propia casa. Mas tarde, ingresé en el ejercito y en la guerra de centroamérica aprendí lo que son un montón de vísceras impidiéndote ver y respirar. ¿Amigos? He tenido algunos y en la actualidad cuento con un par. Kevin el netrunner me ha sacado alguna vez de un apuro, pero que no se diga que yo no he hecho lo mismo por el. Por lo demás, vivo solo. Se que no llegaré lejos entre toda esta mierda, pero tampoco tengo miedo de la muerte. No busco venganza, ni justicia, solo algo que llevarme a la boca para la mañana siguiente.
Amanece en Nightcity, otro día mas. Me levanto, la pierna me duele pero lo superaré. Abro el armario, huevos. Freiré uno y ya será el séptimo esta semana...

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Al libre pensamiento, no a la libre influencia

Mi mente fluye en ti...
Déjala.
Rebusca en tu corazón...
Nada mas.

Solo déjame pensar,
brincar en parametros de conciencia,
en libertad.
Déjame llorar por dentro,
detestarte a mi manera y querer paz,
amar unos ojos corrientes,
verte a mi lado y querer más.

Mi mente fluye en ti,
dejala.
Rebusca en tu corazón,
nada mas.

Solo déjame adivinar,
el porque de un estribillo,
deja que me crea artista,
y que te crea terrorista.
Déjate actuar en consecuencia.
Déjame rehusar de tu violencia.
Deja que te pida paz,
tolerancia, libertad.


Deja que me odies,
pero dejame pensar.

Carta de Amor - por Elena

Me siento como un guionista de serie anime haciendo capitulos de relleno... Pero esto ya estaba planeado desde hace tiempo. Elena escribió esta ficticia carta de amor y yo ya le dije que me gustaba mucho. Se me ocurrio subirla al blog y como ahora estoy seco de ideas, es el momento adecuado para hacerlo (se lo comenté a ella y le pareció bien creo... xD). Y recordad, si alguna vez escribis algo interesante, pos me lo enseñais y lo ponemos por aqui. En fin espero que os guste:


14 de Febrero de 1992

 

 

Amanece... Tal vez sea el último para mí, y qué mejor día que hoy para escribirte estas líneas. Cuando leas esto, yo ya no formaré parte de este mundo, pero quería dejar en él constancia de este amor, un recuerdo mío, un reflejo de los sentimientos que me acompañaron toda la vida...

Siempre tuve ante mí una certeza muy clara: mi fin estaba cerca. Tú sabes bien que todos los médicos se lo dijeron a mis padres cuando yo apenas contaba un año. ¿Recuerdas el día en que lo descubrimos? Siempre fuiste mi mejor amigo, y aunque eras mayor que yo, nunca me dejabas sola. Y aquel día no fue distinto. Es extraño cómo una verdad semejante no parece tan terrible cuando apenas sabes lo que es la muerte, lo que significa. No, no me asustó saber que iba a morir; después de haber pasado seis años de mi vida entre médicos y hospitales, la muerte no se presentaba de improviso. En cambio, me dio miedo la expresión de tu rostro, entre horrorizado, sorprendido y apagado...Yo era una niña muy débil y frágil, y tú siempre me protegías y cuidabas. Llegué a depender de ti del mismo modo en que dependía del agua, del aire, o de las medicinas. Te admiraba, te necesitaba, te quería... Tú lo eras todo para mí. Eras el lazo que me ataba a la vida.

Pero el paso del tiempo ha ido agrietando tímida pero incansablemente esas finas hebras de hilo que me unían a ti. Era frustrante observar cómo se iban rompiendo, una a una, mientras yo hacía lo imposible por aferrarme a ellas... por atarte a ti al otro lado... mi salvaguarda se descomponía de forma imparable, veía cómo te alejabas cada vez más de mi lado... hasta que finalmente ocurrió.

Llámame cría, probablemente lo sea en muchos sentidos; estaba preparada desde hacía mucho tiempo para afrontar nuestra inminente despedida, pero ésta llegó de una forma totalmente distinta a la que tenía asumida: en un estúpido acto de infantilismo, llegué a pensar que siempre estarías ahí; como si yo fuera lo único que te importara, como si fuera lo único relevante en tu vida, la causa y razón únicas de tu existencia... Tal y como tú lo eras para mí. Yo siempre he vivido por y para ti, siempre. Y tontamente, de forma subconsciente creía que esto era mutuo. Qué pensamiento tan egoísta... Privar a las personas que quieres de sus ilusiones y esperanzas para la vida, simplemente porque nunca has tenido unas propias. Cuando sabes que nunca llegarás a los dieciocho, ¿qué sueños se pueden tener?

Sí, he de admitirlo, fue un golpe inesperado. Pero como siempre, necesitaba un bofetón que me devolviera al mundo real. Y sin embargo, este fue demasiado grande... Me derrumbé sin poder evitarlo, literalmente. Apenas recuerdo nada de aquel momento... Sólo que te asustaste cuando me viste caer al suelo así... Pero en mi estado de semiinconsciencia, quién sabe si aquello fue una realidad o una simple licencia poética de una mente y un corazón deseosos de alguna muestra de afecto por tu parte... Después de aquellas palabras...

Gracias a Dios, no me decidí a plasmar en papel todo esto antes. No sé qué más decirte, pero siento que no debería dejar de escribir. Porque cuando lo haga, todo se habrá acabado... Todo. Supongo que simplemente no quiero despedirme de ti... Supongo que me da miedo decirte adiós... Porque para mí, una vida sin ti no es una vida. Y aun así, aquí me encuentro, intentando luchar por sobrevivir aunque no quiera. Siempre tan contradictorios, aún cuando sabemos que el tiempo se agota, que no da para más...

Podría llenar folios y folios hablándote, aunque tú no me contestaras. Te conozco tan bien que ya imagino tus respuestas, resuenan en mi mente con tu voz... Como tantas otras veces, aunque las palabras no sean las mismas con las que tanto he soñado... Ese “Te quiero” nunca llegará a mis oídos, pero no privaré a mi corazón de lo único que ha deseado en toda su vida... A pesar se saber que sólo es eso, un sueño, un deseo imposible, una ilusión perdida.

Quiero gritar, pero no puedo. Quiero rendirme, pero no debo. Quiero vivir y quiero morir al mismo tiempo. La única cosa de la que siempre he estado segura eres tú. Y ahora te vas... te vas... Sé que vivirás muy feliz, o al menos eso quiero pensar. Ya me da igual que no sea conmigo; de hecho, lo prefiero así: a mi lado nunca habrías podido ser feliz, o en caso de que sí, habría sido algo excesivamente efímero... Quizás demasiado tarde, cierto, pero he madurado, y todo gracias a ti; como todo lo importante que he logrado en estos años, siempre gracias a ti. Ahora lo veo todo mucho más claro. Sólo siento no poder estar contigo... Ir a tu boda, ver crecer a tus hijos... Pero al menos sé que ella te hará feliz, y sabiendo esto, ya puedo afrontar cualquier cosa. Por eso estoy aquí.

Ahora debo dejarte, amor mío... Me enfrentaré a esa operación que lleva años persiguiéndome. No puedo esperar más de un año de vida tras ella, y eso teniendo en cuenta que todo salga bien, pero ¿qué más da, si así puedo verte durante doce meses más? Todo el tiempo que pueda ganarle a la muerte se me pasará volando, pero por poco que sea, siempre será más que nada. Y sé que pase lo que pase, podré contar contigo... de una forma u otra.

Quiero que sepas que las lágrimas que puedes ver en este papel no son de tristeza, sino de alegría... Desde una sonrisa envuelta en sollozos, mi corazón se ha liberado con estas palabras. Tantos años para decírtelas y siempre esperando hasta el último momento. Algunas cosas nunca cambian, ¿verdad?

 

Una vida sin ti no es una vida. Una vida sin amor no es una vida. Pero una muerte con amor tampoco es una muerte. Por eso mi alma vivirá amándote eternamente.

 

Cuervos

Ultimamente me cuesta encontrar algo que poner aqui, pero bueno, siempre puedo ir a lo facil y poner cosas que tengo por ahi escritas. En este caso os enseño la tipica narracion que hago para sentirme mejor o cuando me apetece, o cuando lo necesito, creo que me explico. Asi gano tiempo mientras encuentro algun tema...


Tu pelo, tus ojos, tu mirada clavada en mi. Me abrasan. Y tu llanto… Me destroza el alma, poco a poco, me va quebrando los huesos, uno a uno.
Camino. Hacia ti. Voy rápido, tanto como puedo, sorteando azarosamente los misterios de la noche. De la oscuridad, del miedo, del dolor, de la muerte. Corro entre ellos con el solo fin de alcanzarte. Ya casi estoy frente a ti, alargo el brazo, ya te tengo… Pero tu te vas, huyes, me das la espalda y te alejas de mi. Y ya no veo nada, porque no estas, porque ya no hay luna, porque solo hay polvo a mi alrededor.
Huele a incienso. Ángeles o tal vez demonios lo esparcen ante mi. Y te pierdes en la nocturnidad.
-¡Vuelve!
No respondes. Durante unos segundos, solo oigo el silencio y entonces, una bandada de mil aves se despierta con un gran estruendo infernal. Cuervos y buitres que vuelan hacia aquí, a desgarrarme, a devorarme… Y el miedo… El miedo será quien golpee mi nuca indefensa, asestará su último golpe en mi… Y un susurro:
-No está… Estás solo… Para siempre, ni muerto, ni vivo, ni humano, estás solo con el dolor de tu alma.
¿Quién me atormenta? Me giro, doy vueltas sobre mi, pero solo veo oscuridad, el color negro me envuelve, y el olor a incienso… El olor a incienso me quema, se mete por mi nariz hasta mi mismo cerebro ¡Y me abrasa! Y los misterios de la noche, y los cuervos, y el miedo, y la noche… Acechan. Y la muerte…
-Y la muerte. –me aterrorizan las palabras. Resuenan en mi interior. Y el incienso… No lo aguanto mas, tengo que encontrarte. Y huyo, corro, salto, te busco. Palpo el suelo. Te encontraré y nos iremos de este horrible lugar. Saldremos.
-¿De donde saldrás? No hay nada mas que esta noche, eterna e incansable. No hay mas realidad que este dolor, este miedo, este frío, esta oscuridad. ¿Lo oyes? Es el aletear de los cuervos, carroñeros. Han venido a quitarte el corazón, a desgarrar tu alma cual víscera podrida. ¡Entrégate! ¡Solo así calmaras tu dolor!
Sí, lo haré.
-¡Entrégate a la muerte!
Sí, me entrego.
-¡Y a los cuervos, y a los Ángeles y al incienso!
Y me giro. Y me encaro a mi final. Y los horrores de esta noche, de este bosque sin fin al que llamamos noche, se adueñan de mi. Y mi piel se desgarra, y mi alma se muere poco a poco, y me inclino, me doblo de dolor esperando mi final...
Y entonces… Te veo. A lo lejos, te veo, llorando. Te acercas, poco a poco. Y oigo tu voz, en mi cabeza:
-No me dejes. No me dejes.
No. No puedo hacerlo, no puedo dejarte. Me incorporo y me acerco. Eternamente me hallaré junto a ti. Aunque tu llanto me quiebre los huesos, yo estaré cerca. Aunque sufras y llores, aunque el precio a pagar sea el rechazo… El tuyo… El de la noche… El del frío… El del incienso… El de la muerte.

Un Mundo Feliz

Un Mundo Feliz

 

Hoy me toca hablar de un libro, "Un Mundo Feliz". Un clásico de la literatura de ciencia ficción y filosófica. El argumento es sencillo, y fácil de entender, lo cual es un punto muy a favor para el libro y es que uno de los contras de este tipo de literatura, es lo dificultad de comprensión que muchas veces ofrecen. Pero uno tiene que leerlos tranquilamente, a menudo los autores usan el recurso de exponer incongruencias o tecnicismos fantásticos para atraer la atención del lector. Para que piense: ¿Que es esto? ¿Que quiere decir? Y lograr así encender su mente.
De todas formas, un mundo feliz es un libro trata de hacerte pensar. Es un libro que ataca la ignorancia de la sociedad desde muchos puntos de vista. Para el que no lo conozca, en el libro principalmente se expone un mundo futurista donde la gente no tiene nada de que preocuparse, no tiene aspiraciones, ni responsabilidades, su personalidad está tan mermada que simplemente es feliz. Sobretodo, me ha llamado mucho la atención la figura que representa el "soma", una droga que distribuye el gobierno para que la gente que no puede cumplir sus deseos mas primarios se evada de la realidad durante el tiempo que sea necesario. El "soma" no tiene repercusiones físicas. Es la pura personificación del "opio del pueblo". Merma la mente de la gente a cambio de pura felicidad. Y para mí, el soma de nuestro tiempo es la televisión y es que no he parado de encontrar parecidos entre la sociedad descrita en el libro y la nuestra propia. Y sobre todo, no puedo quitarme de la cabeza el siguiente interrogante:

¿Hasta que punto podemos considerar válida una felicidad basada en la ignorancia?

Seguro que algún que otro filósofo griego lo respondió en su día, os animo a planteároslo. Bueno, y por ultimo, si alguien esta interesado en el libro, lo puedo prestar, siempre que haya devolución claro... Es un libro que me gustaría comentar con alguien, simplemente eso.

El Perfume

El Perfume ¡Estamos de vuelta! Enderblogia vuelve con todo su potencial, tras semanas y semanas de ausencia. De hita, me alegro de que te guste el blog, gracias por tus comentarios. Y ahora, vamos con un libro que termine hace unos días y del que hay mucho de que hablar:

El Perfume. No he visto la pelicula y no se si lo haré, porque ya se lo que pasa con las adaptaciones de libros al cine. A menudo son bazofias (lo mismo pasa con los comics) y cuando no, no tienen nada que ver con el libro, y la razón por la que ves la peli desaparece. Aunque bueno, como la curiosidad mató al gato, tal vez acabe viendo la pelicula esa, no lo se. El argumento del libro no me ha llamado tanto la atención como la ambientación y el mundo de los olores que se describe. En general es un buen libro y me ha gustado, aunque es un poco asquerosillo en algunas partes y gracioso en otras. Bueno, el motivo de esta entrada es la obsesión que el libro ha generado en mi: el olor de las cosas. Parece un asunto de locos y estupidos, pero no puedo controlarlo, y además me he dado cuenta de una cosa. Todo el mundo tiene un olfato considerable (los fumadores seguramente no) solo que es un sentido que pasa desapercibido y por eso a menudo la gente piensa que no saben oler bien. Me he sorprendido al preguntar a mucha gente sobre esto, comentando el tema, "yo es que no huelo nada" dice la mayoria, y yo también pensaba eso antes y ahora me doy cuenta de que no es así.
El libro es preciso en la mejor forma de oler, tres aspiraciones cortas y profundas y luego una mas larga. En efecto, al menos en mi caso, el olor es captado mucho mejor así. Y ahora paso grandes ratos mientras camino de un sitio a otro, y huelo los arboles, y la hierba, y diferentes olores que se ven por la calle. A comida delante de los restaurantes y a contaminación en los pasos de cebra. Y Morgan dice que cada día estoy mas loco y yo le digo que huele a patatas fritas.

Rebeldes

Rebeldes

-Mira, te he comprado un libro -decía anteayer Laura, entrando en mi habitación- deja de leer ya esos dichosos comics y lee algo normal.
Deje el comic que estaba leyendo en la estantería, pues se que cuando mi hermana entra así en la habitación, significa que esta aburrida, y si está aburrida, significa que no me dejará en paz hasta la hora de cenar por lo menos. Cogí el libro y le eche un vistazo . Vale, no era nuevo ni por asomo. Además, me sonaba de haberlo visto rondando por casa y en la estantería.
-Laura, esto no lo has comprado, estaba en casa. -le dije yo, algo asqueado.
-Sí -dijo sonriente y feliz, al ver que me estaba molestando- era para ver si colaba, ¿Lo leerás?
-Está bien, lo leeré...
Y así, empezamos una conversación cuya coherencia no duró demasiado. Cualquiera que conozca bien a mi hermana sabe que mantener una conversación coherente con ella mas de cinco minutos es completamente imposible.

Luego, por la noche, subí a la cama y empecé a leerlo. Rebeldes cuenta la historia de un chico y su familia en el estado de Yuta, o de Toulsa... Bueno, no lo se, apenas lo mencionan en el libro. De lo que estoy seguro es de que la historia transcurre en la parte pobre de una ciudad estadounidense, el east-side. Me ha gustado bastante, porque me gustan las historias de bandas y tal; como The Warriors, pero esto es mucho mas realista. Ya se que cuando uno dice realista parece que se refiere a que el libro es crudo, pero no, me refiero a que está en consonancia con la realidad. Aunque por otra parte, el libro en si es bastante crudo. Este chico va contando su vida, la historia de los personajes que van apareciendo, las historias de sus amigos. Es interesante, alegre a veces y triste en su mayoría. Parece mentira que lo escribiera una chica a los 17... Pondría su nombre, pero el libro anda en el piso de abajo y ahora no me apetece bajar a por él. Si a alguien le interesa, le facilitaré ese dato. Y ahora voy con la Dragonlance, Dani (Coa) se ha cansado para el primer volumen, espero tener mas suerte.
*Algo importante que se me ha olvidado, hay una peli, pero no se como se llama. Será cuestión de investigar supongo.

Remix

Bueno, pues eso, un pequeño remix de lo que podría llamarse literatura, que ya colgué en el foro de ADAM, pero que hace tiempo que me gustaría tener aqui:


-Empezamos con un soneto simple, cursi y facilón, que hice hará año y medio:

Son tus ojos, cielo mío, son tus ojos.
Son el centro de mi vida y de mi mente,
y es que al lado de tus ojos es patente,
que no soy yo ni el mayor de los despojos.

Dos los ojos, dos astillas en mi alma,
son tus ojos un veneno y lo respiro,
son tus ojos una prenda y la deshilo,
¡Oh, mi cielo, son mi caos y son mi calma!

Son tus ojos corazón de las proezas;
mil demonios por tus ojos mataría
y mil veces perdería la cabeza

Una vida mirándolos duraría,
y otra vida recordando su belleza,
dos las vidas de calvario y agonía.
-Ahora, una pequeña pieza de lo que podría considerarse prosa poética, o al menos, eso me dijeron en el foro de Alter Paradox:

Y yo te miraba, y tu estabas ausente, mirando un punto indefinido... Absorta en tus pensamientos, con aquel libro entre las manos. Hacía minutos que no lo mirabas, ya no estabas aquí... Pero... ¿En que pensabas? Recuerdo que estabas inmóvil, y tus ojos marrones permanecían abiertos, atentos, imperturbables...
Y yo estaba ahí, mirándote, absorto también, en tu cara inmóvil, en tus ojos, en tus labios... Oyendo el silbido del viento, sintiendo el frío en mi cara... Y arriba, allí estaban las estrellas; misteriosas como siempre, altas, infinitas, crueles... Como si no les importara, como si se mofaran de mi.
Pero a ti te daba igual, ya todo te daba igual... La noche ya había caído y nosotros seguíamos ahí, y yo te esperaba. Esperaba a que te movieras, a que hablaras y pudiera volver a oir tu celestial voz, pero era imposible. Tú ya no hablabas, ahora solo me atormentabas con ese largo silencio que nos envolvía. "¡Oh, Dios, por qué me has hecho esto!" clamaba yo una y otra vez. Ya no aguantaba más, y te gritaba... Pero tu no respondías, y seguías absorta, ensimismada, pensando...

Y de repente, ya no veía las estrellas, ya no oía el tintineante silbido del viento, ya no sentía el frío en mi cara, ya no era de noche... Y te veía junto a mi, sonriente, porque ya estábamos juntos. Y oía tu voz celestial de nuevo, y yo también sonreía.
-Bien, seguimos con el tour, a ver si Oki se pasa por aquí y lee esto, pues llevo días dándole la tabarra con el escrito sobre lo que nos ocurrió a él y a mi hace algún tiempo:
Pasaban dos frikis por la plaza de los fueros (Pamplona). Uno alto, flaco y con un peinado un tanto raro, el otro mas bajito, con el pelo como Paul Mccartney y una camiseta en la que se leía "Pimk my freak". Levantó el brazo el primero, señalando un pequeño cubículo, puesto en medio de la plaza. Era un Cubículo gris, sobre el cual se situaba una bola del mundo con colores llamativos.
-¿Has visto esa cosa? -dijo- ¿Qué crees que será?
-Hum... No lo se... Pero la bola esa esta chula, me recuerda a la de Universal Estudios...
-Sí, es verdad, estaría bien tener una como esa en la habitación... No se... ¿Cuánto crees que valdrá?
-Yo que se, ¿Preguntamos?
-¿A quién? -preguntó el mas alto, pero para entonces, el otro ya estaba caminando hacia el cúbiculo, del cual habían salido tres personas, dos hombres y una mujer. El chico se acerco a ellos y dijo:
-Perdonad... -pero los dos hombres no llegaron a oírle. Eso, o no le hicieron mucho caso, porque nada mas abrir la boca, entraron en el cubículo. Solo la mujer, que si que le había oído se giró.
-¿Si? -dijo sonriente.
Entonces llegó el otro chico, se plantó junto a su amigo y dijo:
-¿Cuánto vale la bola?
A la mujer, que era una chica joven, le costó unos segundos reaccionar. Agitó levemente la cabeza y miro fijamente al chico. Después, dijo:
-Esto... Lo siento, pero no esta en venta. Es para sensibilizar a la gente con el cambio climático
-Ya -dijo el más bajito- pero no va a estar ahí eternamente.
-Da igual -contestó la mujer- cuando deje de servir se reutilizará.
-Sí, pero todo tiene un precio... -habló esta vez el mas alto.
-No, somos una asociación sin ánimo de lucro, no queremos dinero.
-Está bien, nosotros podríamos repartir folletos por los portales a cambio de la bola.
La mujer estaba empezando a darse cuenta de que todo aquello era muy raro y no dejaba de mirar a los dos chicos confundida.
-Mirad -dijo muy seria- esta bola la hemos hecho nosotros. Esta hecha con cartón piedra, que es el material de las fallas de Valencia. Si queréis una igual, podéis encargarla allí y que os la traigan.
-¿Y los gastos de envió?
-No os costarán mucho, solo pesa 30 kilos...
-¿Treinta Kilos? Mira Ender, pesa como tú.
-Si, más o menos sí -dijo el más alto, esta vez aguantando la risa, aunque eso no se notó.
La mujer frunció el ceño y miro al chico alto fijamente, como si intentara intimidarle, este le miró también, sonriente y dijo:
-Bueno, a sido un placer, una pena que no esté en venta, vendremos mañana a ver vuestro puestecillo.
-Esto... Vale... Adiós... -y una vez dicho esto la mujer, los dos chicos asintieron, se dieron la vuelta y se fueron silbando el rift the "the trooper" de los Iron Maiden.
-La historia de este poema es muy larga. La idea original es de mi hermana, ella compuso tres cuartetos cuando tenía cinco años, hace poco lo vi por ahí y lo destrocé u_u Bueno, esto es lo que quedó:

Un caminito dorado
se forma al atardecer,
un velero esta amarrado,
mas quiere pasar por él.

Un caminito dorado,
se forma en el ancho mar,
un camino de oro blanco,
que hasta el infinito va.

Poco a poco, cae la noche
en el ancho litoral,
un velero que no duerme
y suspira con el mar.

Viento sopla allá en la noche,
viento de liberación,
tormenta que rompe yugos,
con espada latón.

Y a la mañana siguiente,
alguien no suspira mas,
pues se ha hundido entre las olas
del ancho y prohibido mar.

Mi velero ya es libre,
mi velero volará,
sangre corre por sus venas,
sangre del color del mar.

Y ahora que nadie ha podido,
su libertad limitar,
por el dorado camino,
se ve un velero volar.

Sangre corre por sus venas,
sangre del color del mar
sangre corre por sus venas,
sangre azul de libertad.

-Aquí, un poema bastante nuevo, lo hice hará menos de un mes. Noche:

Hoy el cielo es mas negro,
hoy la noche no descansa,
hoy estoy muerto por dentro,
mi alma es una matanza.

Hoy no miro hacia delante,
hoy ya no tiene sentido,
hoy me avergüenzo de mi cara
y mi corazón tiene frío.

Hoy la noche, es mas noche,
y lo oscuro me da miedo,
hoy las sombras me envuelven
y me asfixian con su velo.

Hoy me voy pues de este mundo,
queriéndote como siempre,
hoy viajo al cielo nocturno,
y se libera mi mente.

-Y por último, esperemos que no le moleste a mi padre, os dejo con lo que escribió él a raíz de un gato negro que andaba por debajo de mi casa:

Habitaba un gato en los bajos de la torre, de pisos, donde vivo. Su vida transcurría entre las rosaledas de los jardines, los setos y los garajes; hacia donde accedía por los agujeros de ventilación.

Esta mañana al ir al trabajo me he encontrado con el Gato muerto; tendido, en medio de la rampa de bajada, del portal a la calle. La verdad es que ha sido esta la primera vez que he podido fijarme en el con detenimiento. En estos años lo habré visto cuatro o cinco veces, y muy de pasada; pues el, mientras vivió, fue de natural huidizo.

Tenía el pelaje muy negro y brillante; lo que le daba cierto toque esotérico. Me ha sorprendido verlo rellenito; no famélico, ni huesudo . Seguramente algún vecino, apiadado, le daba de comer.

Aparte de en la casa de este buen samaritano, y la mía propia; nadie mas echara en falta al Gato. Recordaremos de él, en el futuro, como algunos días, al volver a casa, nos pasaba por delante, huyendo de nosotros; a pesar de las llamadas cariñosas que le hacíamos para que se acercara.

Seguramente, habrá personas, en mi mismo edificio, que lo calificarían de tiñoso y parásito; siempre merodeando por los garajes y los contenedores de la basura; con ese pelaje y esos ojos tan inquietantes. Un bicho, en fin, poco amigable. Para mí, sin embargo, ahora me doy cuenta, se me hace un respetable príncipe, urbano, de la soledad y de la supervivencia.

A muerto el Gato y se que a mis dos hijos, cuando se lo diga, se entristecerán. Pero les quedara el consuelo de haber sido testigos de una vida carismática y libre. Hoy yacía tendido el Gato en paz; con esa dignidad y grandeza que, a veces, da la muerte a ciertos seres -cada vez más raros- que en medio de estas toneladas de hormigón y asfalto, han sabido vivir hasta el final en libertad.
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Nueva Dimensión

A mi padre y a mi siempre nos ha gustado la ciencia ficción. Cuando nací, mi padre era fan mediocre de Star Wars. Asi que normalmente, vemos pelis juntos y tal. A lo que iba, el otro día, mientras estudiaba, mi padre entró en la habitación y arrojó unos cuantos libros sobre la cama.
-Te dejo estudiar -dijo antes de irse.
Rápidamente me acerqué a ver. Eran unos cuantos volumenes de una serie de libros de ciencia ficción que se llamaba NUEVA DIMENSIÓN. Acerqué uno a mis ojos y sople sobre su tapa para quitarle la acumulación de polvo, que tenia pinta de haberse producido durante años. En la contraportada habia un fecha de edición que se remontaba al año 1978. "Esto puede ser interesante", me dije y empecé a ojear el libro. Nada impresionante a simple vista...
Por la noche lo retomé, esta vez con mas calma. El libro tenía varios apartados, uno (el mas grande) de relatos cortos, un editorial, una seccion de recomendaciones de pelis y otra de recomendaciones de libros, pero el que mas me interesó fue el de cartas al director; ¿Cuales serían las inquietudes de los frikis de esa época?, ¿De que se quejarían?, ¿De que hablarían?...
"Busco los numeros 1, 2 y 3 de esta revista, estoy dispuesto a pagar el precio convenido. Si alguien los posee y se muestra reacio a venderlos, por favor, agradecería que se pusiera en contacto conmigo para sacar fotocopias". ¿Qué puedo decir? En fin, eran otros tiempos...

Lo mas interesante de leer SF de hace tanto tiempo, es que se puede juzgar mejor si un autor es bueno o malo. Por ejemplo, autor escribía sobre el ciberpunk que se supone, debería haber llegado hace seis años... Sin embargo, hay otros autores que ya predicen algo parecido a nuestro internet, como tambien ocurre en "El juego de Ender", que por cierto, es probable que llegue al cine en un par de años.

¿Por qué Ender?

¿Por qué Ender?

Este es el artículo con el cual estreno el blog. Hay algunos temillas que debería tratar para poneros al día, así que se me ha ocurrido empezar por mi pseudónimo, que como imaginareis/sabreis/intuireis es Ender. Este nombre no me lo he inventado yo, lo saqué del fantástico y futurista libro; "El juego de Ender" (the Ender´s game). Su etimología (inglesa, por cierto) es finalizador (end-er). Me lo adjudique porque el libro en cuestión es mi preferido. Bueno, como buen cliente que soy de su autor, Orson Scott Card, os voy a relatar brevemente el argumento, para que os intereseis por él, lo compreis y este señor tenga animos para hacer una peli (cosa que se está devatiendo actualmente en la warner Bross).
Ender es el tercero y último de sus hermano. En esta época, la pólitica de los dos hijos (como en china pero con dos) se ha extendido a todo el mundo y todo tercer hijo esta mal visto por la sociedad. Paralelamente a esto, el ejercito de la tierra esta llevando una investigación para conseguir los mejores soldados y entrenarlos desde jovenes; lo que hacen es estudiar a los padres en cuestión y analizar si su hijo seria un buen soldado. Los padres de Ender han tenido dos hijos por ese motivo, pero no han resultado buenos. Aun así, el gobierno militar les pide que tengan otro más, con la esperanza de que a la tercera, vaya la vencida. Y en efecto, así ocurre.

Bueno, esto es todo, espero que haya conseguido dejaos con la intriguilla.

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