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Paperback Writer

El ciervo almizclero

 

El otro día mi amigo Darío me aseguró que El lobo estepario, de Hermann Hesse, estaba en mi casa. Yo me leí este libro hace muchos años y la verdad, estoy deseoso de volver a leerlo. Hace dos sábados llegué a casa, por la noche, con ganas de cogerlo. Era tarde pero no mucho. Pongamos las tres. Lo busqué por las estanterías de mi casa, en el más absoluto silencio para no despertar a mis padres. Cuando llevaba un rato me di cuenta de que estaba muy cansado y algo bebido. En mi casa hay una habitación repleta de libros, casi todos de mi padre, recopilados durante toda su vida. El problema es que las estanterías llegan hasta el suelo y buscar entre los libros de las baldas inferiores puede ser un problema si estás algo afectado por la birra, son las tres de la mañana y no te atreves a encender la luz. Y casi lo mismo pasa con las baldas superiores. Bueno, en realidad el problema reside en ir examinando todas las baldas a lo largo de las tres estanterías. Agacharse, levantarse y agacharse otra vez. Ejercicio no recomendable de realizar, y menos después de salir de fiesta por los bares de Pamplona.

Cuando se me nubló la vista, me senté y dejé que la sangre volviera a fluir como es debido y a todas las partes de mi cuerpo. El libro no estaba. Darío se habría confundido con algún otro. Pero en la odisea de las estanterías había encontrado otros libros: Los vagabundos de Jack London, y un libro llamado "Cuentos espirituales del Himalaya". Los vagabundos tenía una traducción castellana de los años cincuenta muy dura, y lo dejé, al menos de momento. Y el otro lo cogí con curiosidad, después de haber leído Shiddharta, también de Hesse, pensé que podía seguir con el tema literario-espiritual. Pero no. El libro me decepcionó. Vale que yo no estaba en el mejor estado mental del mundo, pero no creo que a nadie pueda gustarle el irse a la cama con una retahíla de doctrinas espirituales.

 

 

El libro consistía en una agrupación de cuentos cortísimos, de dos o tres párrafos, seguidos de pequeños textos del autor en los que se explicaba la moralina del cuento, que ya de por si estaba bastante sintetizada y era fácil de pillar. Yo creo que el motivo por el que triunfan estas cosas, al igual que las citas célebres en internet, es que sintetizan el saber en frases muy cortas. Te hacen sentir sabio y poderoso ante la vida con solo perder medio segundo. Y lo curioso es que la mayoría de las lecciones que nos quieren enseñar se aprenden de otra forma muy distinta.

Es el caso del ciervo almizclero, uno de los relatos del libro mencionado. Lo leí, lo olvidé, me fui a dormir y al día siguiente me sorprendí pensando en él. Lo primero que me llama la atención es este tema del almizcle. Con esta sustancia se hacen colonias. Además, el almizcle siempre se ha usado en la lírica y en la literatura como sinónimo de algo agradable, bonito, reconfortante. Y la realidad es que el almizcle es una sustancia que sale del culo y de los genitales de muchos mamíferos. Huele bien, ojo. Es muy fuerte pero no es desagradable. Supongo que es como un ambientador natural. Los humanos no lo tenemos.

El cuento del ciervo almizclero nos habla de un ciervo al que el culo le huele especialmente a almizcle. El ciervo se pasa toda su vida tratando de averiguar de donde sale el olor y al final muere. Casi me alegro de que el ciervo no llegue a averiguar de donde sale el olor. A lo mejor no está tan mal que muera pensando que el olor viene de todas partes y ninguna, del campo, de las flores. De una cierva. Lo que el cuento nos quiere decir es que en el camino a la felicidad, uno mismo es una parte importante. Se me quedó en la cabeza porque precisamente, la idea de valorarse a uno mismo no está nada grabada en mí. A veces nos pasamos la vida deseando cosas. A mí me pasa. Deseo cosas con mucha ambición y muchas ganas, como en las películas de Disney. La mayoría no se cumplen, pero yo las deseo y las deseo hasta acabar medio loco. Es lo que le pasaba al ciervo. Y muchas veces lo que tenemos y lo que somos ya está muy bien. Cuando leo estos textos, este blog... Me siento muy cómodo. Es un buen trabajo, es entretenido. Mucha gente piensa y quizás es cierto, que los blogs son típicos de gente con mucho amor propio. Yo me detesto durante gran parte del tiempo. Creo que amarse a uno mismo es de las cosas más importantes de la vida.

A veces pienso que todo se resume en cagarla una y otra vez. No sé si hay otra forma de aprender estas cosas. Aunque quizás esta clase de tontadas como la del ciervo almizclero se puedan tener presentes en un futuro, cuando uno ya la haya cagado lo suficiente como para comprenderlo.

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1 comentario

Laura -

El Lobo Estepario está en esa casa, doy fé :) de pasote recomiendo Demian que también debe estar entre esas estanterías.

El horrible libro del que hablas también fue "mio", lo saqué de la biblioteca (por qué?) y nunca lo devolví para ahorrarle ese disgusto a cuanta más gente mejor... Que horror de libro!

PD: Almizcle = caca
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