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Paperback Writer

El hombre tanque - El rebelde desconocido

 

Mañana se cumplen 25 años de uno de mis hechos favoritos de la historia del siglo XX. Yo lo conocí a los 16 años, hasta entonces no había oído hablar del tema. Teníamos un profesor de filosofía que al acabar las clases nos ponía imágenes y vídeos de lo que él consideraba importante. El profe se llama Fernando Nosequé, era bajito, gordo, calvo, cegato y medio sordo. Lo que se podría considerar como un hombre monstruo. A pesar de eso sus clases siempre resultaban amenas e interesantísimas. Nos caía muy bien a todos y yo creo que todos lo respetábamos mucho. La verdad es que me apena no haber ahondado más en mi relación con él, cosa que sí llegué a hacer con otros profesores, pero tampoco dependía de mí. Quizás él era tímido y no plenamente consciente del aprecio que le teníamos muchos de sus alumnos. Creo que ahora todos los veinteañeros contamos en nuestros recuerdos con algún profesor de filosofía que nos abrió los ojos y nos hizo plantearnos más de un dilema. Por desgracia, yo sólo conté con el mío un año.

Recuerdo muy bien que Fernando un día nos puso un vídeo un tanto extraño en el que un hombre se plantaba delante de una hilera de tanques. Lo puso así, sin contarnos apenas nada. Muchos de los que allí estábamos, sino todos, no sabíamos lo que era la masacre de Tiananmen, ni cuando había ocurrido, ni donde. Pero los datos no hicieron falta en ese momento, pues las imágenes hablaban por sí solas. Un chino con dos bolsas, aparentemente de plástico, se plantaba delante de un tanque. Quieto, como una estatua. Después, el tanque intentaba sortearlo pero el hombre hacía aspavientos con los brazos, y quién sabe si en ese momento gritaba improperios, amenazas o ruegos. Más tarde, el chino se subía al tanque y trataba de comunicarse con el piloto, aparentemente gritando a través de la apertura del cañón. Y al final, unas personas vestidas de paisano agarraban al hombre y se lo llevaban fuera de plano. Creo que para mí significó la muestra más fuerte de valentía que jamás había visto.

Hoy, unos cuantos años después, la imagen tiene más significado para mí. Mi mente no puede evitar ponerse en funcionamiento y generar diversas teorías acerca de lo ocurrido ese 5 de junio del 89, en Pekín. En realidad, es uno de los grandes misterios de la historia y no creo que nunca vaya a resolverse, pues el gobierno chino jamás ha soltado prenda acerca de los hechos. Yo creo que una actuación así solo puede motivarla la desesperación más absoluta. Este chino, conocido como El rebelde desconocido en España, o como The tank man en países anglosajones, seguramente sería una víctima de la gran masacre de inocentes que protagonizó la ciudad el día anterior. No creo que tomara la decisión consciente de plantarse allí, ni creo que la meditara mucho. Supongo que se sentiría profundamente torturado y deshumanizado. Consciente o no, sin duda protagonizó un hecho que aún no se si fue valiente, o temerario. Existen varias versiones sobre lo ocurrido después. Testimonios contradictorios afirman, algunos, que el hombre fue detenido allí mismo y ejecutado después. Y otros, que continúa todavía con vida en algún lugar de Asia.

Tengo que confesar que hoy, que estoy muy cansado y harto de algunas cosas, casi (y sin casi) se me saltan las lágrimas al volver a ver a ese hombre frente al abismo. Con sus bolsas de la compra, su camisa blanca, como si toda esa mierda no fuera con él, demostrando al mundo que seguramente sólo quería tener una vida y que desde luego no entendía para nada que personas hechas y derechas pudieran matar a sangre fría a tantos inocentes. El rebelde no consiguió nada, como he dicho, otros hombres se lo llevaron, quizás policías, y los tanques siguieron su camino. Y de todas formas, poco importaba ya a dónde narices fueran esos tanques, pues el daño estaba hecho y era del todo irreparable. Pero qué narices, por lo menos hubo alguien en el balcón de un hotel, Jeff Widener y sus colegas, grabando los hechos y sacando fotos, y haciendo que a día de hoy todavía siga patente esta prueba de valentía, de desesperación. Esta prueba que nos enseña que uno nunca está del todo jodido hasta que no muere definitivamente y que siempre hay mucho por demostrar.

La lectura del tanque que se para me la salto directamente, pues qué es una pizca de piedad para un verdugo, para un perro, para un asesino.

Hace dos años me encontré con el profesor de filosofía en la universidad. Estaba como siempre. Recuerdo que le pregunté qué tal, y me contestó que más ciego y más sordo. La verdad, no pude evitar el estrecharle la mano y felicitarle por sus clases, esta vez sin el temor a quedar como un simple halagador y él se vio muy agradecido. Después fui a la cafetería, contento por el encuentro, y me tomé un café recordando sus clases y repasando quizás el episodio del chino y los tanques, episodio del que mañana se cumplen 25 años, mientras pensaba también en como lidiar con los dichosos exámenes y con otros profesores mucho menos profesionales que Fernando.

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1 comentario

Morgan -

Me ha gustado el artículo y recordar a este profesor aunque no tenga memoria del momento en que nos enseñó ese vídeo. Recuerdo también puede que tuviera dificultades al expresarse o explicar la clase y la gente se reía porque no paraba de aspirar fuerte con la nariz (puede ser?), pero tengo la sensación que más allá de eso me trasmitió esa pasión, motivación e inquietud, quizás por un mundo enorme y maravilloso.
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