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Paperback Writer

Una actuación policial en plenas fiestas de San Fermín

Hoy he visto a 12 policías perfectamente armados en el parque de Antoniutti, Pamplona, en plenos Sanfermines, a eso de las ocho y media de la mañana. Tenían a tres chicos sentados en un banco, tres chicos que eran evidentemente menores. Los han tenido ahí unos quince minutos, seguramente más, porque cuando yo he visto la actuación tenía pinta de que ya se llevaba prolongando un rato. Los chicos estaban sentados en el banco, con los brazos cruzados, mirando al frente, sin moverse. Los agentes se paseaban delante suya, con sus pistolas en el cinto perfectamente cargadas. Entraban y salían de sus tres furgones, dos de los cuales eran de la policía municipal y un tercero del cuerpo nacional. Hablaban entre ellos, miraban a los chicos, les pedían la documentación. Algún transeúnte más valiente que yo, quizá algún amigo de los chicos, se acercaba a preguntarles qué estaban haciendo. Entonces hacían una piña de tres agentes para responder a las preguntas, siempre con su semblante serio y su pistola en el cinto.

Al cabo de un rato se han ido marchando. Primero los nacionales. Luego los municipales. Los chicos se han levantado por fin del banco, y entonces yo les he preguntado a ver qué habían hecho. Me han dicho que cada uno de ellos tenía una multa de trescientos euros por mear en la calle.

Orinar en la vía pública es efectivamente un delito. Aun así se me plantean algunas cuestiones: ¿son necesarios doce agentes para detener a tres menores? Recordemos que estamos en plenas fiestas de San Fermín, conocidas por sus numerosas violaciones y agresiones sexuales, peleas de borrachos, personas desmayadas por intoxicación. Yo pienso que esos agentes podrían estar haciendo algo mejor y más útil para todos, seguro.

Recordemos también que todos los que celebramos las fiestas asumimos una gran laxitud en el cumplimiento de ciertas normas. Este año he visto a muchísimas personas cruzando pasos de cebra en rojo, orinando donde no se debía, bebiendo en rotondas, tomando toda clase de sustancias, y todo a la vista de la policía. ¿Debemos asumir que es cuestión de azar el hecho de que se nos aplique la ley?

También me planteo si es necesario ir armado para retener a tres menores entre doce policías. Claro, yo nunca he llevado un arma encima, y todos estamos muy acostumbrados a que ellos las lleven en todo momento. Pero, ¿es necesario? ¿No podrían dejarla como mínimo en el furgón? ¿O incluso en la comisaría?

Para mí este es otro caso de brutalidad policial. No sé qué pensarán los padres de estos tres chicos cuando tengan que pagar esa multa de trescientos euros. Espero que no los reprendan, ojalá sepan que doce policías con sus doce pistolas perfectamente cargadas se pavonearon e intimidaron a sus hijos, mientras en la ciudad se cometían toda clase de tropelías.

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