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Paperback Writer

Sobre el nuevo título y demás

Sobre el nuevo título y demás

Y aquí viene otro articulo de reflexión. Otro de esos en los que digo muchas cosas pero ninguna interesante. Incluso menos interesante, si cabe, que el resto de artículos.

Sí, he cambiado el título de la página (el porqué mas adelante). La dirección seguirá siendo enderblogia, ya que eso no se puede cambiar, pero el título ya no será mas "Ender". La verdad, cuando lo puse fue porque no sabía que poner. Pero claro, había que poner algo, no se podía dejar la cabecera vacía, así que puse mi nombre, como un niño de cuatro años que escribe en una pared. Y bueno, si nos ponemos a pensar, el blog no se diferencia mucho de un niño que escribe en una pared, o de un grafitero que pone una frase que él considera celebre en el suelo de la plaza. No es porque piense que el blog es malo, nada de eso (reconozco que muy bueno no es) pero la comparación a venido a que el niño, subconscientemente, lo que quiere es dejar eso ahí para la posterioridad. Si escribe una palabrota, es porque le ha impresionado, y sin saberlo, quiere impresionar a todo el que pase por allí y vea su fechoría. Pues bien, esta es mi fechoría.

Dani dice que pierdo el tiempo, que esto no lo lee nadie. Me hace gracia, en lo segundo tiene toda la razón. También es verdad que a Dani no le gustan estas cosas, le aburren. No le guardo rencor, es comprensible, es cuestión de gustos. Muchas veces he entrado a un blog y he leido lo siguiente: "La verdad, no se que haría si la gente no leyera mi blog. He oido que lo importante no es que lean tus palabras, sino el hecho de escribirlas. Y yo digo que si no lo va a leer nadie, para qué escribirlo". Siempre me he preguntado quien es el que dice eso de que lo importante no es que lean tus palabras. Ya he visto a alguien mencionando esto en varios blogs y en ninguno he visto eso de que lo importante es escribir. Bien, yo pienso que me encanta que la gente lea lo que escribo, pero si no lo hacen... Pues que le vamos a hacer. Yo escribo, ordeno mis pensamientos, mis ideas y me las quito de encima, luego llego y leo mis cosas, y me es entretenido, y me divierto recordando. Además, siempre me queda el consuelo de las dos o tres personas que llegan y ven mi fechoría, y yo río viendo su reacción detrás de la esquina.

En otro orden de cosas: no puedo dormir. Me dicen que es porque me levanto tarde. Pero aunque me levante a las diez, a las nueve, nada. Llego, me meto en la cama y me pongo a leer hasta que se me cansan los ojos. Cierro el libro e intento dormir. Treinta, cuarenta, cincuenta minutos. Nada, sigo allí, mirando al techo. ¿Será porque no gasto energía? ¿Será porque me paso la vida sin moverme demasiado? La verdad, es desesperante. Recuerdo una profesora de inglés que tuve, una que le hacía mucha gracia a Íker. Inma, creo que se llamaba. Una vez dijo que tenía problemas para dormir, y que no sabíamos la suerte que teníamos de no tenerlos. Yo apreté los dientes asqueado. Siempre he tenido problemas para dormir, así que en aquel momento no pude creer que aquella mujer y yo tuviéramos algo en común. En estos pensamientos andaba yo ayer por la noche, mirando al techo. Cuando uno no puede dormir, se le ocurren multitud de estupideces:

¿Qué es mejor, ser o aparentar? Aparentar implica la opinión que tendrán los demás hacia ti. A mi me importan los demás, como a mucha gente. ¿Entonces, aparentar es importante? Ser, es como aparentar, solo que el factor "los demás" se cambia por el factor "yo" y eso afecta a la autoestima. La autoestima es importante, ¿No? Pero el exceso de autoestima puede llevar al egocentrismo, y eso da asco. ¿El que es, aparenta lo que es? Las apariencias engañan, las personas rara vez son iguales por fuera que por dentro. Cuando vemos a alguien, nuestro cerebro relaciona su imagen exterior con algo que tiene almacenado. Si hacemos esa relación es porque esa relación existe realmente. Si nuestro cerebro relaciona a un hombre con barba de dos dias, pelo grasiento, chupa de cuero vieja y botas rotas con algo peligroso, digo yo que será porque nuestro cerebro habrá visto a un hombre así siendo peligroso. Si desde pequeños hubiéramos visto a señores con esa indumentaria dando caramelos a los ancianos, no pensaríamos lo mismo. Entonces ¿Nos falla el refranero popular? ¿Las apariencias engañan o no? ¡Y yo que se! ¡Sólo quiero dormir!

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